CAPÍTULO DOSCIENTOS VEINTIOCHO

Empecé con esas dos palabras pero con su ánimo, lo solté todo.

Mis miedos, mis inseguridades, mis preocupaciones, lo derramé todo ante él, sin reservas.

—Sabes —comenzó después de mi ferviente vómito de palabras—, eres una de las personas más fuertes que conozco, no fuerza física, no, esa es fácil...

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