CAPÍTULO VEINTITRÉS - Agridulce

Sus dedos convirtieron mi cuerpo en gelatina, haciendo que mis piernas se doblaran; débiles.

—Lo siento, señor— gemí mientras él castigaba mis pechos con ligeros pellizcos y una mordida en mi cuello.

—Me estás volviendo loco. ¿Qué voy a hacer contigo, eh?— gruñó, dándome una nalgada.

—¡Ahh!— grit...

Inicia sesión y continúa leyendo