CAPÍTULO TREINTA Y DOS ~ Caer en mi propia tentación

Mi boca estaba abierta y ni siquiera podía empezar a disculparme, porque ¿qué diría?

¿Que mi demonio se sentía atraído por su coño cada vez que lo tocaba y cruzaría todos los océanos del mundo para estar cerca de ella?

¿Que había estado masturbándome con ese mensaje de voz hasta la fecha?

¿Que el...

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