CAPÍTULO CUARENTA Y SEIS

—Por cierto, ¿a dónde nos llevas? ¿Quieres vender mis riñones?

—Pfft. Nadie compraría esos frijoles podridos, amor. Alaric quiere que almorcemos y yo soy tu humilde chofer —gruñó, pero pude ver que no estaba molesto.

—Bueno, si estás cansado de trabajar para él, solo dímelo. Podríamos usar esos br...

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