Capítulo 32 XXXII

Un hombre de vestimentas claras, que caminaba como si temiera romper el suelo, le guió por el húmedo castillo. Los lujos eran abrumadores, casi obscenos para alguien acostumbrado a la austeridad del acero y el viento. Tapices que narraban historias de santos que preferían morir a luchar, techos tall...

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