CAPÍTULO CIENTO UNO

BRIELLE

—¡Mierda santa...! ¿¡Nos conseguiste esto!? —chillé, girándome hacia Damien tan rápido que el velo casi le dio en la cara.

Él alzó una ceja, imperturbable como siempre.

—Tu reacción es... aceptable.

—¿Aceptable? —solté una carcajada ahogada—. Damien, esto no es un regalo, esto es... esto...

Inicia sesión y continúa leyendo