CAPÍTULO CIENTO CINCUENTA Y SEIS

BRIELLE

Saltamos, giramos y cantamos la letra equivocada a todo pulmón. Cada vez que una canción más lenta intentaba colarse, Aria gritaba: —¡Aquí no se permiten canciones lentas!— y me arrastraba a un ritmo más rápido, obligándome a seguir moviéndome, seguir riéndome, seguir olvidando.

Estaba fun...

Inicia sesión y continúa leyendo