CAPÍTULO CINCUENTA Y SIETE

DAMIEN.

Dejé los lirios sobre la tumba como si fueran de cristal. Un tallo a la vez, despacio, con cuidado, como si los frágiles pétalos pudieran de algún modo suavizar el peso tallado en la piedra bajo ellos. Mi mano se quedó ahí más tiempo del debido, con los dedos rozando el mármol frío antes de...

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