CAPÍTULO SETENTA

BRIELLE

Pinché mis huevos como si me hubieran ofendido.

—Está bien, ya. Basta de burlas. ¿Qué hago?

El tenedor de Aria se quedó a mitad de camino hacia su boca. Parpadeó una vez. Dos. Luego, como si acabara de anunciar que me iba a fugar con una llama, dejó caer el tenedor con estrépito, abriendo...

Inicia sesión y continúa leyendo