Capítulo 4 Alianzas forzadas
La sala de emergencias del hospital privado estaba fuertemente custodiada por la seguridad de los Ross. Julián estaba consciente, conectado a un monitor que pitaba rítmicamente. El veneno no había sido letal gracias a que la dosis fue baja y a la rápida intervención médica, pero el hombre lucía demacrado.
Valeria entró a la habitación cerrada. Julián la miró con una mezcla de debilidad y furia salvaje.
—Tu hermano —dijo Julián, con la voz pastosa—. El hombre que me sirvió la copa... era un sicario que trabaja para tu hermano Lucas. Me pusiste una trampa. El contrato... todo fue para acercarte a mí y terminar el trabajo.
—¡Cállate y escucha! —Valeria se plantó al pie de la cama, furiosa—. Si hubiera querido matarte, te habría dejado desangrar en tu habitación anoche. No habría gastado dos horas cociéndote el costado. A mi hermano lo están usando.
—¿De qué hablas?
Valeria sacó su teléfono y le mostró el mensaje anónimo que había recibido el día de la firma.
—Alguien me advirtió que tú destruiste a mi padre. Y ese mismo "alguien" está usando a mi hermano para que te elimine, echándome la culpa a mí. Si tú mueres hoy, yo voy a la cárcel por complicidad y mi hermano por asesinato. ¿Quién gana con eso?
Julián se quedó en silencio, procesando la información. Las piezas del rompecabezas financiero empezaron a encajar en su mente.
—Marcus —susurró Julián, cerrando los ojos—. Mi tío quiere el control total de las acciones de la naviera que le quité a tu padre. Si yo muero sin herederos directos, todo vuelve a él.
—Entonces estamos en el mismo bando, querámoslo o no —dijo Valeria, cruzándose de brazos—. Tu familia te quiere muerto, y la mía está siendo utilizada como peón. Así que vas a dejar de mirarme como a una enemiga.
Julián soltó un suspiro pesado, la arrogancia desapareciendo por completo, dejando ver al hombre calculador detrás del mito.
—El contrato original ya no sirve, Valeria. Marcus no se detendrá. Si ve que sobreviví, buscará otra forma. Necesitamos acelerar las cosas.
—¿A qué te refieres?
—Nos casamos. Mañana mismo. Ante un juez, sin fiesta, sin prensa. Si soy un hombre casado, por ley, mis bienes y mi control en la empresa pasan a ti en caso de mi muerte, no a mi tío. Eso le quita el motivo para matarme de inmediato, porque tendría que lidiar contigo públicamente.
Valeria sintió un escalofrío. Casarse de verdad con el hombre que posiblemente había arruinado a su familia.
—¿Y qué gano yo, además de una diana en la espalda? —preguntó ella.
—Te daré los archivos reales de la quiebra de tu padre. Te demostraré quién lo hundió de verdad. Si fui yo, tendrás las pruebas para destruirme. Si fue Marcus, me ayudarás a enterrarlo. ¿Hace falta que firme con sangre, o cerramos el trato ahora?
Julián le extendió la mano, la misma mano que horas antes temblaba por el veneno. Valeria la miró, sabiendo que cruzar esa línea significaba no poder volver atrás jamás.
Le estrechó la mano. Su piel estaba fría, pero el agarre fue inquebrantable.
