Capítulo 6 Golpe inesperado
Eran las dos de la tarde. Tras pasar las últimas horas tranquilizandome sentada en lo que seguramente era un sofá carísimo, observando cómo los tres hermanos Newman se movían con una coordinación asombrosa para controlar a la prensa y eliminar cada rastro del escándalo en la red, comprendí lo inquebrantables que eran sus lazos.
—Hermana, ¿no crees que lo de estos hombres es de escándalo? —susurró Maya. Sabía perfectamente a qué se refería.
—La verdad es que sí. ¿Cómo estás tú con todo esto? —pregunté. En todo el rato, no me había detenido a pensar en cómo le afectaba a ella.
—Primero estaba muy confundida, fue todo tan rápido… Pero luego lo comprendí —se acercó a mí como si fuera a revelarme un secreto oscuro—. Hermana, después de ver a estos hombres, estarías loca si no corrieras a besarlos. ¡Pero si los has visto!
—No exageres. Sí, son atractivos…
—No exagero, vamos, míralos… ahí, resolviendo todo mientras nosotras estamos aquí sentadas tomando agua. Lo máximo.
—La verdad es que quiero que termine todo esto.
—Solo piensa que son como The Avengers —dijo Maya, recuperando la chispa y sin poder apartar la vista de ellos—. Solo que con mucho más atractivo.
—¡Maya! —La regañé, aunque no pude evitar soltar una risita.
Noah, habiendo escuchado parte de la conversación, se acercó a ella con un brillo juguetón en los ojos, mientras Liam mantenía su postura rígida.
—Me pido ser el Capitán América —anunció Noah.
—Imposible, él es Capitán América —respondió Maya, señalando a Liam, quien la miró confundido—. Tú serías Thor.
—Pues al menos sé manejar un martillo, ¡eh! —bromeó Noah, imitando el tono épico del personaje—. "Yo soy Thor, hijo de Odín."
Los tres reímos ante el comentario, incluso Liam. Observé a mi hermana y, al verla tan alegre, recordé la razón por la que había aceptado aquel trabajo en primer lugar: para darle un futuro mejor. Sin embargo, no estaba dispuesta a disculparme con Clark; él era el responsable de aquel caos. Mantuve el silencio mientras Noah charlaba animadamente con ella.
Cuando la reportera finalmente llegó, el ambiente en la mansión se volvió tenso de nuevo. Clark tomó el mando de la situación. Se colocó frente a las cámaras con una seguridad que intimidaba y comenzó a exponer, con pruebas visuales irrefutables, los motivos reales de su ruptura con Vanessa, dejando claro que el engaño venía de parte de ella. Por fin, parecía que todo llegaba a su fin.
Sin embargo, justo antes de que la entrevista concluyera, la periodista lanzó la pregunta que cambió mi mundo:
—Señor Newman, ha sido muy claro con respecto a su expareja, pero la opinión pública aún se pregunta por el centro de la controversia. Entonces, ¿quién es Elena Baker? ¿Es verdad que tienen algo?
Clark no vaciló. Se giró lentamente, buscando mi mirada en el salón mientras el silencio se volvía sepulcral.
—Elena Baker ha cambiado mi perspectiva en la vida —respondió con una voz firme que resonó en todo el lugar—. Es una estudiante excepcional que está realizando sus pasantías en mi empresa. Pero, si se ha cometido un delito, ha sido: robarme por completo mi corazón.
El aire pareció abandonar mis pulmones. Mi hermana, a mi lado, tenía los ojos desorbitados, alternando la mirada entre Clark y yo.
«¿Qué? ¿Por qué dijo eso?» pensé.
Y con una mirada desafiante hacia mí y una enorme sonrisa, soltó:
—Nos casaremos en una semana, porque ya no puedo vivir sin ella.
Me estaba mareando. ¿Qué está diciendo ese hijo de…?
—¿Y qué dice la señorita Baker al respecto? —insistió la reportera, acorralándome con el micrófono.
Clark volvió a tomar la palabra, cerrándome el paso a cualquier réplica:
—Ella está abrumada por la situación de hoy, pero está tan feliz como yo por nuestra pronta boda.
Cuando la entrevista terminó, yo aún seguía en shock. Vi cómo mi hermana me daba un vaso con agua. Entonces, Clark se acercó a mí esperando a que todos se fueran. Noah tomó a mi hermana y la invitó a la cocina por un helado; ella aceptó, confundida, y Liam los siguió.
—¿Qué hiciste? ¿Quién crees que eres para decidir algo así? ¿A esto llamas arreglarlo? —gruñí, fuera de mí.
—¡Vamos, niña! Esto también tendrá un beneficio para ti.
—¿Beneficio? Yo no quiero tener nada que ver contigo, entérate.
—¿Ni siquiera por tu hermana? —Levantó la ceja con arrogancia.
—Mira, señor Clark, no me venderé, ni mucho menos para que consigas… —me detuve, sin entender por qué lo hacía—. ¿Por qué haces esto?
Él me miró con aquellos ojos azules tan intensos. Gesticulé, esperando una contestación.
—Digamos que decidí que era tiempo de casarme.
—Decidiste… Genial, me parece bien, pero elige a cualquier otra mujer —gruñí de nuevo, sin entender nada—, de verdad, no entiendo.
—No tienes que entenderlo, solo aceptarlo. Y si no lo haces, piensa en tu hermana… piensa en que, si te vas de mi empresa, te quedarás sin trabajo y te aseguro que ni a la cafetería podrás volver, mucho menos terminar tu universidad.
—Esto es una amenaza…
Él no respondió. Se giró y, cuando estaba a punto de salir, le tiré el vaso que tenía en las manos… Maldije en ese momento por mi falta de puntería.
—¡No te tengo miedo! —grité.
