Capítulo 2 LA SOMBRA DEL FAROL
Capítulo II — La sombra del farol
El aire helado de la calle entro de golpe por la ventana rota, trayendo consigo el olor a humedad y a azufre quemado.
Kael reacciono antes que yo. Con un movimiento rapido, me sujeto del brazo y me pinto hacia atras, alejandome del marco de la ventana justo cuando un destello azul atraveso la penumbra y se impacto contra el muro de piedra donde yo habia estado parada un segundo antes.
El impacto hizo volar esquirlas de piedra.
— No mires — susurro Kael con la voz tensa, manteniendo la hoja corta en su mano derecha —. Si ese hombre lleva el uniforme gris de la red, no viene a negociar.
— Dijo que mi madre me busco durante nueve anos — respondi, sintiendo el pulso acelerado en la garganta mientras apretaba el cristal de la memoria en la mano —. Sabe quien soy.
— Sabe lo que llevas en la mano, que es muy diferente.
En la esquina del taller, Eren dejo escapar un gemido sordo entre los escombros. Su ojo artificial azul parpadeaba de manera erratica, lanzando destellos debiles contra la pared. Kael se agacho a su lado, revisandole el cuello en busca de pulso antes de mirarme.
— Esta vivo, pero la descarga del dispositivo lo dejo fuera de juego. Tenemos que salir de aqui antes de que la patrulla de la red cierre el perimetro del distrito.
— ¿Y que hacemos con el? — pregunte señalando a Eren.
— Si nos ven salir con el, no dudaran en matarnos a los tres. Para ellos, Eren solo es un mecanico viejo. Tu eres la prioridad.
La voz metallica de los altavoces de la calle se intensifico, rebotando en los edificios de la zona vieja:
"Unidad de contencion desplegada. Perimetro del sector cuatro bloqueado."
De pronto, la puerta trasera del taller temblo bajo un golpe seco. Alguien intentaba forzar los cierres desde el callejon.
— Nos tienen rodeados — dije, retrocediendo hacia la mesa de trabajo.
Kael se puso de pie y me miro con los ojos fijos.
— No exactamente.
Se acerco a una de las estanterias de metal atestada de piezas sueltas y jalo una palanca oculta detras de una caja de circuitos. Un chasquido pesado resono bajo el suelo de madera y una trampa oculta se abrio a nuestros pies, revelando un tunel estrecho que olia a humedad y a tuberias antiguas.
— El canal de servicio de los trenes de resonancia — explicï Kael —. Eren lo usaba para escapar cuando los cobradores de la red se ponian agresivos. Baja primero.
— ¿Y tu?
— Voy justo detras de ti. Pero si se complica, no te detengas.
Dude un segundo, pero los golpes en la puerta trasera reventaron la madera. Salté al interior del tunel. El impacto contra el suelo de cemento frio me hizo perder el equilibrio, pero logre mantener el cristal de mi madre a salvo en el bolsillo. Un instante despues, Kael cayo a mi lado y cerro la compuerta superior desde abajo, sumiendonos en una oscuridad casi absoluta.
El retumbo de las pisadas en el taller sobre nuestras cabezas se escuchaba sordo, amortiguado por la madera gruesa.
— Camina rapido — dijo Kael, encendiendo una linterna pequeña que proyectaba un haz de luz dorada sobre las paredes de piedra mojada —. El tunel desemboca en la estacion abandonada de la linea tres.
Caminamos a paso apresurado por el pasadizo estrecho. El sonido del agua goteando sobre las tuberias marcaba un ritmo tenso.
— Tienes que decirme la verdad — hable sin dejar de avanzar —. En la memoria vi que le juraste a mi madre que la protegerias. ¿Por que dijiste que ella no confiaba en ti?
Kael guardo silencio durante unos metros. El haz de luz iluminaba su perfil duro y la marca blanca de su ceja.
— Porque yo trabajaba para ellos, Lia — confeso sin mirarme —. Hace nueve anos, yo era uno de los rastreadores de la red. Mi trabajo era encontrar a las personas que tenian resonancias no registradas. Como tu madre. Y como tu.
Me detuve en seco. El frio del tunel se me metio en los huesos.
— ¿Tú la entregaste?
Kael se giro despacio para mirarme directamente a los ojos.
— Yo la ayude a escapar — dijo con voz firme —. Pero para lograrlo, tuve que tomar una decision. Le borre los recuerdos sobre ti para que, si la capturaban, no pudiera darles tu ubicacion bajo interrogatorio. Ella acepto el trato, pero nunca me perdono haberle quitado lo unico que le importaba.
Un silbido magneticamente grave retumbo en las paredes del tunel. El suelo empezo a vibrar suavemente sotto nuestros pies.
Un tren de resonancia se acercaba por la via elevada justo arriba de nosotros.
— Ya casi llegamos a la estacion — dijo Kael, volviendo a avanzar —. Una vez que salgamos a la superficie, tendremos que buscar a la unica persona que sabe donde llevaron a los prisioneros de la fluctuacion de esa epoca.
— ¿Quien?
Kael se detuvo al final del tunel, frente a una rejilla de metal que daba a un andan en penumbras.
— El hombre que te estaba esperando afuera del taller — respondio Kael con gravedad —. El que sonreia bajo el farol.
