Capítulo 5 El Mercado De Neon

Capítulo V — El mercado de neón

El conducto de ventilación desembocaba tras los carteles publicitarios del Sector Comercial.

A diferencia del tono gris y el aire denso del Sector Viejo, aquí la ciudad ardía en luces de neón rosa y cian que se reflejaban en los charcos de lluvia ácida. El murmullo de la multitud, mezclado con la música sintética de los puestos callejeros, amortiguaba el zumbido constante de los drones de patrulla que cruzaban el cielo nocturno.

Nos deslizaremos entre la multitud usando abrigos de fibra neutra que Kael sacó del refugio blindado. Mi mano derecha, aún vendada tras la quemadura del primer cristal, permanecía oculta dentro del bolsillo.

— No toques nada — murmuró Kael caminando a medio paso por delante de mí, con la mirada atenta a las cámaras de reconocimiento facial montadas en los faroles —. En este sector, los comerciantes implantan chips de rastreo en la mercancía. Si tu psicometría se activa por accidente con un objeto concurrido, la Red detectará la descarga antes de que crucemos la calle.

— Dijiste que el mercado negro cierra a medianoche — dije, ajustándome la capucha mientras esquivábamos a un grupo de ciborgs de bajo costo —. Nos quedan menos de tres horas según el aviso de la resistencia.

— El contacto se llama Corvo. Opera en el nivel inferior de la galería comercial, bajo la fachada de una tienda de empeños de reliquias analógicas. Si alguien sabe dónde guardan el segundo cristal de memoria de tu madre, es él.

Descendimos por unas escaleras mecánicas en desuso que llevaban al subsuelo de la galería. El ambiente se volvía cada vez más denso, cargado de vapor, olor a circuitos sobrecalentados y comida frita. A medida que nos adentrábamos en el pasaje subterráneo, los puestos de ropa sintética daban paso a vitrinas blindadas repleteras de discos duros antiguos, procesadores en desuso y dispositivos de almacenamiento biométrico.

Kael se detuvo frente a un local estrecho iluminado por un tubo fluorescente verde que parpadeaba con un chasquido molesto. Sobre el marco de madera corroída se leía un letrero apenas legible: Reliquias del Norte.

Al cruzar la puerta, una campana metálica sonó en el interior. Tras el mostrador de vidrio reforzado se encontraba un hombre enjuto, con una prótesis ocular cibernética que emitía un tenue destello rojo mientras examinaba un microchip con unas pinzas.

— Kael — dijo el hombre sin levantar la mirada —. Pensé que el sector siete te había tragado hace seis años. Y veo que no vienes solo.

— Necesitamos acceso al segundo núcleo de resonancia, Corvo — fue directo Kael, apoyando ambas palmas sobre el mostrador, evitando cualquier amabilidad —. El registro de la matriz reescribirá las claves a medianoche. Valen envió rastreadores de nivel tres.

Corvo dejó las pinzas sobre el tapete de fieltro y levantó la vista. Su ojo mecánico enfocó directamente a Lía, emitiendo un leve zumbido de ajuste de lente.

— La chica del cristal — murmuró Corvo con una sonrisa torcida que dejó al descubierto un diente de metal —. Toda la red subterránea está hablando de la fluctuación de identidad que provocaron en el taller de Eren. Eren está bajo custodia médica de la resistencia, si es que te lo preguntabas.

Lía dio un paso al frente, haciendo a un lado la cautela de Kael.

— ¿Tienes el cristal o no? — preguntó con firmeza.

— Nadie "tiene" un cristal de la Red así como así, muchacha — respondió Corvo, reclinándose en su silla giratoria —. Esos núcleos no se guardan en una caja fuerte. El segundo cristal está integrado en el servidor de subastas del piso superior. Pertenece a la colección privada de la baronesa Vane, la encargada de la distribución de energía del sector. Se subasta esta noche a las once y media como un "artefacto de memoria pura".

Kael soltó un juramento entre dientes.

— No tenemos crédito para entrar a una subasta de Vane — dijo Kael.

— No necesitan crédito — dijo Corvo, apoyando los codos sobre el vidrio y fijando su mirada en la mano vendada de Lía —. Vane no busca dinero por ese cristal; busca a alguien capaz de descifrarlo sin quemar el circuito. Sabe que el objeto contiene la firma de una mente superior de la vieja era, pero sus analistas no han podido romper el cifrado biométrico. Si la chica demuestra que puede activar la lectura, Vane la dejará entrar a la sala privada.

Lía se miró la mano vendada. El recuerdo del dolor y las quemaduras en la piel aún estaba fresco, pero no había alternativa.

— ¿Y qué exige Vane a cambio de dejarme tocar el cristal? — preguntó Lía.

Corvo se inclinó hacia adelante, bajando el tono de voz:

— Quiere la clave de la matriz que tu madre ocultó en tu memoria. Vane quiere usarla para independizar el Sector Comercial de la Torre Central. Si entras ahí, juegas en medio de dos fuegos: los cazadores de Valen que vienen a matarte y la corporación que quiere usar tu mente como llave.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo