Capítulo 6 La Casa De Los Espejos
Capítulo VI — La casa de los espejos
El acceso al nivel superior de la galería no requería invitaciones de papel ni códigos de barras, sino apariencia.
Kael ajustó el cuello de su abrigo de fibra neutra y me indicó que me mantuviera pegada a su costado. Para cruzar la línea de seguridad de la baronesa Vane, tuvimos que simular que éramos un comprador corporativo y su especialista técnica personal. A cada paso que dábamos hacia la sala de subastas, el neón sucio del subsuelo era reemplazado por superficies de mármol sintético, luz blanca pulida y un silencio aristocrático roto solo por el suave murmullo de los invitados.
— Mantén la calma — susurró Kael, pasando su brazo alrededor de mis hombros para guiarme entre los asistentes —. Si tu ritmo cardíaco se eleva demasiado, los bio-sensores del salón marcarán una alerta de estrés.
Su brazo se sentía firme y cálido sobre mi espalda. Era la primera vez que estaba tan cerca de él sin que nos estuvieran disparando o corriendo por un túnel infectado de cables. A pesar de la severidad de su rostro y la sombra de su pasado como agente de la Red, el calor de su presencia me transmitía un extraño tipo de anclaje en medio de la multitud.
— No es el ritmo cardíaco lo que me preocupa — murmurei en un suspiro casi imperceptible, intentando ignorar el dolor sordo de mi mano derecha vendada —. Es la baronesa. Corvo dijo que quiere la clave que mi madre ocultó en mi memoria.
— No tocarás nada a menos que yo te dé la señal — respondió Kael en voz baja, ajustando ligeramente su posición para interponerse entre la multitud y mi perfil —. Si esto se sale de control, mi prioridad es sacarte de aquí viva, no el cristal.
Llegamos al vestíbulo principal. En el centro de la estancia, suspendido dentro de una esfera de cristal blindado con suspensión magnética, flotaba el segundo núcleo de memoria. Era distinto al primero: este emitía un fulgor violáceo, denso, como si una tormenta diminuta estuviera atrapada en su interior.
— Damas y caballeros — resonó una voz amplificada que parecía provenir del propio techo de la sala.
Una mujer de porte elegante, vistiendo un traje de líneas geométricas y una prótesis dorada que le cubría la mitad derecha del rostro, descendió por la escalinata central. Era la baronesa Vane.
— Lo que tienen ante ustedes no es una simple reliquia del viejo mundo — anunció Vane, haciendo un gesto con la mano para que la esfera magnética descendiera hasta la altura de los ojos de los presentes —. Es un fragmento inalterado del núcleo de la Red. Sin embargo, su arquitectura está sellada con una firma biológica única. Muchas mentes han intentado forzarlo, pero sólo una frecuencia específica puede abrirlo sin destruir la información.
Vane detuvo su caminata y fijó su mirada dorada directamente en nuestro grupo.
— Y me alegra ver que la clave finalmente ha decidido asistir a mi subasta.
La multitud se abrió en silencio. Kael reaccionó al instante, dando un paso al frente para cubrirme con su cuerpo, llevando la mano derecha al interior de su abrigo, donde ocultaba la pistolet de pulsos.
— No vinimos a jugar a las subastas, Vane — dijo Kael con voz dura, manteniendo una postura de combate impecable —. El cristal pertenece al registro de la resistencia.
— Todo en este sector me pertenece a mí, Kael — replicó la baronesa con una sonrisa fría —. Pero soy una mujer de negocios. Sé que Valen ha desplegado a sus cazadores de nivel tres y que están rodeando la galería mientras hablamos. Tenéis menos de veinte minutos antes de que sus unidades de asalto vuelen el perímetro.
Vane hizo una seña a sus guardias, quienes se hicieron a un lado, dejando el paso libre hacia la esfera que protegía el cristal.
— Si la chica activa la lectura y desbloquea el servidor de energía del sector, os daré acceso al conducto de evacuación privada — propuso Vane —. Si se niega, los entregaré a Valen ahora mismo.
Me zafé suavemente del agarre de Kael y di un paso al frente. El dolor de mi palma vendada pulsaba al ritmo del cristal violáceo.
— Lía, no — advirtió Kael en un tono cargado de preocupación genuina, tomándome suavemente de la muñeca izquierda para detenerme.
Lo miré a los ojos. Por primera vez en medio del cansancio y la frialdad de su papel como protector, vi una grieta de dudas en su mirada, un temor real a que me pasara lo mismo que a mi madre.
— Es la única forma de conseguir el segundo cristal y salir con vida, Kael — le dije en tono firme pero cercano, rozando brevemente sus dedos antes de liberarme de su agarre —. Confía en mí.
Me acerqué a la esfera blindada. El aire alrededor del artefacto olía a electricidad estática. Con la mano izquierda desvendada, retiré la cubierta de la esfera e introduje los dedos hacia el cristal violáceo.
En cuanto mis yemas tocaron la superficie helada del núcleo, la sala de subastas desapareció. Un torrente de imágenes, datos y recuerdos ajenos inundó mi mente a una velocidad ensordecedora, y el grito que ahogué en mi garganta resonó en la oscuridad mientras la Red intentaba tomar el control de mi conciencia.
