Capítulo cuarenta

Dallas

Cheyenne se queda dormida con la cabeza en mi hombro, sentados en los escalones traseros, como si el aire frío finalmente la hubiera agotado. No me muevo por un rato, porque se ve tranquila, y no la veo así muy a menudo. Sus pestañas descansan contra sus mejillas, su boca ligeramente abierta...

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