Capítulo setenta y uno

Lo primero que siento cuando bajamos del avión es calor, espeso y suave, como si el aire envolviera mi piel y le dijera a mi cuerpo que puede relajarse. El frío de Colorado ha estado viviendo en mis huesos durante días, y ahora Fiji me golpea como una manta, húmeda, salada y viva.

Dallas mantiene un...

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