Capítulo 4 Capitulo 3: Incómoda misa

Capitulo 3: Incómoda misa

Cuando terminé de llevar los tubos de metal, bajé nuevamente a la misa, sintiéndome la mujer más desastrosa del universo por mi metida de pata con el padre William.

Tenía que desaparecerme de su camino, esperaba no encontrármelo ni por error.

La madre superiora me había guardado un puesto para la misa para cuando regresé y me junté con el resto de las monjas tomando asiento y limpiando con un pañuelo el sudor de mi frente.

—Tardaste mucho —me comentó la madre superiora.

Si ella supiera el por qué...

—Lo siento. —dije y le empecé a explicar lo ocurrido:— Es que el padre...

—Shhh —me siseó la madre superiora—, estamos en misa, ten respeto.

Me callé apretando los labios, no se podía hablar en misa, pero es que realmente me urgía hablar lo que ocurrió con ella antes de que el Padre lo hiciera y de manera muy mala.

«Der Windstille».

Ahí en el púlpito ya estaba el padre William, podía notar su vestidura aun algo húmeda al igual que su cabello, pero sin duda eso no parecía robarse la atención para nada, porque realmente verlo era como ver el mismo reflejo de un ángel, su mirada de ojos grises parecía hipnotizar la mirada de todas las personas ahí, su boca de labios carnosos al hablar tenía una forma de capturar la atención, su voz profunda, pausada en imponente denotaba autoridad.

Me encontré entrelazando mis dedos y mirando su rostro más de lo necesario, pero es que sentía gran admiración por su apariencia y lo que hablaba, probablemente al igual que todas las personas de aquí porque todos lo observaban con atención. Se veía imponente desde su altura, por un momento me perdí de lo que hablaba solo mirando las sombras en los ángulos de su rostro y la forma de sus rasgos físicos deseando poder capturar una foto si pudiera, ni siquiera le podía prestar atención a lo que decía solo deseando poder hacerle una foto y guardarla en mis álbumes.

De repente me tensé al ver sus ojos grises girar hacia mi dirección y desperté de mi transe, él detuvo lo que hablaba notando que estaba ahí al lado de la madre superiora, me sentí expuesta y juzgada, ¿acaso pudo leer mis pensamientos desconcentrados admirando su belleza?, no, de seguro recordaba lo desastrosa que era y por eso resalté ante sus ojos.

«Heilige Jungfrau».

Bajé la mirada y cerré los ojos de esa forma no pecaría en seguir distrayéndome, para mi suerte él continuó hablando, yo por mi parte me mantuve así hasta que terminó la misa y por fin pudimos ir a nuestras habitaciones.

Solo necesitaba llegar a mi cama y dormir.

De repente Génesis se me acercó tocando mi hombro, cargaba unos libros en sus brazos.

—Celeste la madre superiora te estaba buscando —me informó.

Ay, de seguro era para más favores.

Realmente amaba ayudarla, ser mano derecha, pero me sentía agotada.

—¿Por qué? —dije a ver si era realmente urgente.o si me podía simplemente desentender de esto e irme a mi habitación.

—No lo sé —dijo—, está en la oficina.

Génesis se fue y yo me quedé congelada en mi lugar.

«Heilige Jungfrau».

De seguro sabía lo que había hecho con el padre William.

Empecé a temblar, si descubría que casi lo asesiné de seguro me tendrían en penitencia.

Tomé una profunda respiración, tenía que darle mi versión de la historia y solo acatar las consecuencias.

Fui hacia la oficina de la madre superiora arreglando mi túnica y toqué dos veces, cuando me dijo que pasara, entré asomándome con una ligera sonrisa; controlándome, pero por dentro estaba temblando.

—Hola madre —dije—, ¿en qué puedo ayudarla?

Miré su expresión, ella estaba concentrada caminando de un lado a otro por la oficina y tomó una caja con la imagen de una cafetera afuera.

—Necesito que vayas al piso 3 y lleves esta cafetera —dijo se acercó a mí; dándomela.

La tomé haciendo una ligera mueca, estaba pesada.

Definitivamente me sentía como una mula de carga.

—¿A dónde? —pregunté.

—A la habitación del padre William —me informó y se fue hacia su escritorio sacando algunas carpetas.

—¿El padre William? —repetí incrédula.

«Vögeln».

De todas las cosas que no quería hacer.

—Estoy muy segura de que no quieres que repita las cosas que te digo —dijo la madre superiora colocándose os lentes y mirándome sobre ellos de manera algo molesta.

—Lo siento madre —dije.

Ella me miró y frunció el ceño notando mi ansiedad y nerviosismo de ir a llevarle esto a el padre.

—¿Tienes problema en hacerlo? —preguntó.

—No madre, por supuesto que no —me reí un poco de manera nerviosa.

Ella sonrió, pero era esa sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—Eso pensé —dijo.

Pero, esto podía afectarme porque definitivamente el padre William parecía odiarme, podía simplemente negarme a hacerlo y listo.

—Aunque... —empecé a decir, pero la madre superiora dijo al mismo tiempo:

—Nos han llegado muchas quejas del padre, le cuesta adaptarse a este lugar —suspiró agotada—, todo lo ve desordenado, nada le agrada, nada parece estar a su altura, si escucho una queja más de su parte tendré que pegarme la boca con cinta.

Me reí un poco con nerviosismo.

Si el padre llegaba a decir lo que le hice, la madre superiora iba a expulsarme definitivamente.

Creo que ahora tendría que hablar con él y convencerlo de que no hablara.

—¿Ibas a decir algo? —preguntó la madre superiora mirándome algo confundida.

Aclaré mi garganta y negué con la cabeza.

—No madre —dije y sonreí para cubrir mi secreto.

—Entonces ve —dijo la madre superiora enfocándose nuevamente en las carpetas.

«Der Windstille».

Tomé una profunda respiración y me fui la oficina sosteniendo la caja de la cafetera para llevársela al padre William West; la única persona que me odiaba y que era capaz de expulsarme de este lugar si no lo convencía de lo contrario.

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