Capítulo 5 Capitulo 4: La habitación del padre William
Capitulo 4: La habitación del padre William
Fui colocando la caja en el suelo, y tomé una profunda respiración alzando el puño y tocando la puerta, pero nadie respondió, toqué nuevamente dos veces.
Nada.
Giré la perilla sorprendindome porque estaba abierta, tomé la caja de la cafetera y entré a la habitación, sobresaltándome al ver al padre William en la cama, no llevaba más que unos cortos pantalones, y mis ojos se enfocaron en un brazo musculoso que estaba detrás de su cabeza, podía ver tinta manchando la piel de brazo y parte de su torso. Tenía un libro frente a su rostro y unos audífonos en sus oídos, por eso no me escuchó, pero cuando desvió la mirada y me vio en su habitación se sobresaltó.
—¿Quién te dijo que pasaras? —dijo quitándose los audífonos, dejando el libro a un lado.
«Vögeln».
Tragué pesadamente saliva.
—Lo siento padre es... —empecé a murmurar una disculpa enseñandole la caja de la cafetera en mis manos.
Él se levantó de la cama y se me olvidó lo que estaba diciendo cuando lo vi ponerse de pie.
Oh.
«Heilige Jungfrau».
Su torso estaba al descubierto mostrando un cuerpo ejercitado y definido, apreté los labios sintiendo que todo mi rostro se sonrojaba con intensidad cuando el intenso calor subió a mi cara.
El tatuaje llegaba a su cadera y el resto se cubría con su pantalón, uhm, ¿cuál sería el final?
—Estás mirándome —dijo incrédulo probablemente porque estaba mirando con completo descaro todo su cuerpo.
¿Pero como no hacerlo? Parecía tallado por los mismos ángeles y corrompido por satán.
Miré su rostro otra vez, sus ojos grises me miraban fijamente haciendo del ambiente algo más intenso como lo que pasó hace unas horas en la oficina cuando despertó de la inconsistencia, que me miró y algo... se sentía diferente, como si mi cuerpo se sintiera tentado a acercarse a él.
Nunca me había sentido así, pero se sentía prohibido; se sentía malo.
Mi corazón se aceleró y me sentí completamente en pecado, como Eva mirando la manzana, yo lo estaba mirando a él con la tentación de la lascivia.
—Estaba viendo sus tatuajes —me forcé a hablar—, tiene... tatuajes.
No sabía que los Padres podían tener tatuajes, pensé que era un templo puro donde moraba la santidad y no la impureza, los tatuajes aquí se catalogaban como impureza.
—Tengo tatuajes —dijo el padre William recalcando lo evidente—, ¿te molestan?
Enarcó una ceja y yo me adelanté a negar con la cabeza enfocando mi mirada en la mesa de al lado para colocar la cafetera y poder salir lo más rápido posible de ahí de su habitación, diciendo:
—No, yo...
Se me cayó una taza de vidrio que estaba en la mesa sin querer, estrellándose contra el suelo y rompiéndose en muchos pedazos.
—Vögeln. —expresé entre dientes— Lo siento, yo la arreglo, la voy a pegar.
Me arrodillé a limpiar los pedazos de vidrio en mis manos sintiendo que necesitaba huir de aquí.
—Basta, deja eso —dijo el padre William acercándose a mí.
No le hice caso, solo me enfocaba en agarrar los pedazos de vidrio en mis manos, e hice una mueca cuando se me incrustó en la piel.
—Te estas cortando —dijo él, al ver que no le presté atención, se agachó tomándome de los hombros y tuve que alzar la vista cuando me tomó de la barbilla para que le sostuviera la mirada.
Dejé de respirar al sentir su toque eléctrico contra mi piel revolviendo todo mi cuerpo, y me enfrenté a sus ojos grises, estaba tan cerca que por un instante se me olvidó absolutamente todo lo que hacía, noté como él pareció también abstraído mirándome, ¿acaso sentía lo mismo que yo o era cosa mía?
De repente él aclaró su garganta soltándome la quijada probablemente al notar que esto no era apropiado y susurró:
—Ven.
Me tomó de las muñecas haciéndome soltar los pedazos de vidrio y me ayudó a levantarme, guiándome a la cama, me senté y él empezó a buscar cosas en su mesa de noche hasta sacar un alcohol y unos algodones arrodillándose frente a mí y toando mis manos.
Yo no podía dejar de observarlo, estaba demasiado cerca de mí y podía ver con más detalles los rasgos de su rostro y hasta algunas pecas cafés cubriendo su nariz y mejillas concentrado en quitarme los pedazos de vidrio incrustados en mis manos con una pequeña pinza.
—¿Tienes alguna clase de problema? —dijo concentrado en lo que hacía— Pareces tener la palabra "problemática" a tu alrededor.
Ahora yo empezaba a creerlo.
Relamí mis labios y negué con la cabeza empezando a decir:
—Es que cuando estoy nerviosa...
—¿Estas nerviosa? —preguntó aun sin mirarme.
Uh... ¿tal vez no debí decir eso?
—Yo... —empecé a murmurar, pero me callé cuando él alzó la vista enfocando sus ojos grises en mí y estiró ligeramente sus labios en una leve sonrisa preguntando:
—¿Por mí?
«Heilige Jungfrau».
Sentí que el calor subió a mi rostro o más bien a todo mi cuerpo. Desvié la mirada de la suya al suelo y apreté las piernas sin saber por qué algo en mi vientre empezaba a palpitar, sentía que mi respiración era un caos, solo quería irme de aquí, porque tenerlo cerca y con mis manos agarradas empeoraba mi manera de enfocarme en la conversación.
—Es... —dije aclarando mi garganta— que no había estado haciendo tantos desastres como ahora, y todos frente a usted, no quise provocar su ira siendo torpe Padre, discúlpeme por ofenderlo y por golpearlo, fue realmente un accidente, no lo vi...
Pedir perdón era la unica manera de que él no hablara con la madre superiora y que no me expulsaran.
El padre William se quedó por un momento en silencio mientras echaba un poco de agua en mis manos limpiándolas, hice una ligera mueca, tenía muchos raspones.
—Lo siento por tratarte mal —soltó de repente—, tengo un carácter que intento corregir.
Lo miré, él ahora miraba mis manos.
En realidad me sorprendía mucho que se hubiera disculpado conmigo.
—Vale —murmuré.
Él secó mis manos del agua con una toalla.
—¿Estás bien? —preguntó alzando la mirada hacia mí.
—Sí —dije.
—Te echaré un poco de alcohol para que no se te infecte —dijo y sin más explicación tomó el alcohol esparciéndolo en las heridas de mis manos.
—Ah —jadee sintiendo el ardor traspasar mi piel y mordí mi labio inferior—, arde.
—Como el infierno —dijo.
Cuando volví a mirar al padre William, él mantenía sus ojos grises ahora algo oscurecidos fijos en mi rostro, me sentí por un momento fuera de mí; extraña, me quedé sin aliento, esta era una mirada diferente, era una mirada de esas que te llevan a pensar miles de cosas inapropiadas porque estando tan cerca, me hacía despertar el deseo de que me besara.
Tenía que calmar mis pensamientos, ¿pero qué pasaba conmigo?
Jamás en mi vida desee las cosas carnales, mucho menos hacia un padre, las monjas aprendíamos a renunciar a eso pero...
¿Entonces por qué me sentía así?
