Capítulo 6 Capitulo 5: La carne es débil

Capitulo 5: La carne es débil

Tragué pesadamente saliva, mi corazón latiendo tan rápido que lo escuchaba en mis oídos.

Solo tenía que salir de aquí, estaba tan nerviosa que empezaba a temblar.

—Eh —aclaré mi garganta—, gracias por... usted, ya debo irme.

No podía ni siquiera hablar con coherencia.

Me levanté y él se echó a un lado guardando las cosas con las que me curó las manos.

Yo necesitaba respirar, estaba tan aturdida que no encontraba la puerta para salir, pasee la mirada alrededor, no veía la puerta.

«Der Windstille, respira».

—¿Como me dijiste que te llamas? —preguntó el padre William a mis espaldas.

Lo pensé por un momento, de hecho nunca lo dije.

—Celeste —murmuré.

¡¿Donde estaba la puerta?!

Me detuve y cerré los ojos para poder calmarme y enfocarme, abrí los ojos otra vez y vi la puerta en todo el frente de mí. Empecé a caminar hacia la salida, sentía que hasta que no saliera no iba a poder respirar.

—¿Que te gusta hacer? —preguntó el padre de repente.

¿Uh? ¿por qué me sacaba conversación?

Me detuve y voltee a mirarlo, él se había levantado del suelo y ahora me miraba a una buena distancia, solo que incluso esta habitación se sentía muy pequeña y tenía que hacer mucho esfuerzo en no mirar su cuerpo ejercitado torso con esa tinta llamativa.

Necesitaba calmarme.

Pero no entendía qué clase de prueba era esta que mandaban a la iglesia de un padre tan atractivo, ¿acaso era para distraernos o para mantener nuestros pensamientos neutros ante el pecado? Era muy difícil evitar mirarlo, más aún cuando no llevaba mucha ropa.

Bajé la mirada y la clavé en sus pies, de ese modo no lo vería.

—Fotografía —dije—, es mi clase extracurricular.

Después del instituto, podíamos internarnos en este lugar y veíamos clases de teología por 5 años con una clase extracurricular libre, era fotografía, pintura, lectura y música. Yo había elegido la fotografía y me hacía mucha ilusión que tenía el mejor promedio de mi clase, en especial porque de hecho eramos como 2 estudiantes solamente, claro que mi otra compañera no había asistido y como era una clase extracurricular no le daba importancia.

Alcé la vista al ver que no me respondió y noté que su rostro cambió a uno más serio.

—¿Qué ocurre? —pregunté sin comprender, sabía que estaba sucediendo algo que no nos iba a gustar.

—Temo que se va a cancelar esa clase —admitió el padre William para mi completa sorpresa y shock.

—Pero... —murmuré sin comprender, esa noticia me había caído como agua fría.

—Es mucha inversión innecesaria —explicó—, y solo la toma una persona.

¿Qué? ¿entonces era verdad que la iban a cancelar definitivamente?

No podían cancelar la clase, es decir, era verdad, la única que tomaba esa clase extracurricular era yo, pero era mi pasión, no podían cerrarla.

—No es innecesaria —repliqué sin importarme que pareciera altanera—, ¡el arte de las fotos es algo hermoso!

Él pareció algo indiferente, claro, él no veía la fotografía como lo haría un fotógrafo, la pigmentación de colores, los tonos, las luces, él no lo amaría de la misma manera tampoco, mucho menos sentiría pasión por eso.

—Tendrás que convencerme de no cerrar esa clase —dijo el padre William—, toma una buena foto, una que me haga saber que eso vale la inversión.

Tragué pesadamente saliva. Claro, también sabía que las cámaras profesionales eran costosas, pero eso era una gran parte de mí; no podía quitármela.

—Lo haré —prometí, estaba dispuesta a tomarle la foto más profesional y esplendida que vería en su vida.

—La quiero para mañana a las 7 de la mañana —dijo el padre William—, estaré en mi oficina.

¿Qué? Pero si mañana era sábado y de hecho el único día en el que se nos permitía levantarnos más tarde porque hacíamos ayuno hasta las 3 de la tarde. Además de que era muy poco tiempo para buscar una buena foto, ya era muy tarde en la noche.

—Pero... —empecé a decir.

Él estiró sus labios en una sonrisa que me pareció cruel.

Hace un momento me estaba revolviendo las hormonas y ahora realmente empezaba a caerme muy pesado.

—¿Te da miedo fracasar, Celeste? —preguntó acercándose un poco a mí, me estremecí, no estaba tan cerca como para tocarme, pero sí lo suficiente como para hacerme temblar, un paso más y podía tocarme.

Mi nombre en su boca se escuchó como una suave caricia, relamí mis labios y negué con la cabeza.

—No, señor —dije, llevarle la contraria no valdría la pena.

Noté como su mirada se posó por medio segundo en mi boca dejándome sin respiración, el ambiente volviéndose de la nada más pesado, sentía que todo mi cuerpo estaba caliente, estaba que quería salir corriendo de aquí ante la intensa tensión de la habitación, sus ojos levemente más oscuros que hace un momento, cuando volvió a mirar mis ojos, pareció de repente reaccionar y se volteó caminando hacia su cama evitando mirarme.

—Vale —dijo él—, puedes retirarte.

Afirmé con la cabeza como única respuesta y salí casi despavorida de ahí y sosteniéndome de la pared sintiendo que la intensidad casi ocasionaba que se me saliera el corazón por la garganta.

¿Acaso lo habría sentido yo sola o acaso el padre William...?

No, por favor.

No podía pensar eso, es decir ¿como podía pensar que el padre William podría sentir cosas? Se suponía que ellos estaban en celibato sacerdotal y practicaban la castidad, era imposible que ellos sintieran algo... Negué con la cabeza y empecé a caminar rápido a mi habitación para intentar calmarme, solo necesitaba dormir.

Aunque en ese momento no sabía, que los padres a pesar de entregarse a la religión, también eran de carne y hueso, y la carne era débil.

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