Capítulo 7 Capítulo 6: Tentando al padre (Parte I)
Capítulo 6: Tentando al padre (Parte I)
Entré a la oficina del padre, él estaba sentado sobre su escritorio, no llevaba camisa dejando su deslumbrante torso ejercitado con tatuajes al descubierto, sentí sonrojarme, mi corazón latiendo desenfrenado al verlo.
—Padre ¿y su camisa? —pregunté, mis manos temblando.
Él se acercó a mí, empecé a retroceder, él no se detuvo, yo estaba completamente nerviosa y jadee cuando mi espalda pegó de la pared a mis espaldas, el padre William me aprisionó con su cuerpo, nuestras respiraciones mezclándose, sentía no solo mis mejillas calientes; sino todo mi cuerpo en llamas.
—Padre, ¿pero qué hace? —susurré.
—Quiero que me beses, Celeste —dijo el padre William tomándome de la barbilla.
—Padre es incorrecto —susurré, pero por un momento quería dejarme llevar, estaba fuera de mí.
—Shh... no hables. —dijo colocando un dedo en mis labios, lo deslizó lentamente hacia abajo; acariciándome, sus ojos grises mirando mi boca cuando empezó a inclinarse.
No respiré.
Cuando sus labios estaban por hacer contacto con los míos, abrí los ojos de golpe.
«Vögeln».
Mi corazón acelerado, mi cuerpo enteramente caliente y aturdido, miré la oscuridad de la habitación, mi compañera de habitación estaba dormida, aún era de noche.
Cerré los ojos pidiendo perdón por ese sueño pero no era como si pudiera controlar esas cosas... No pude dormir el resto de la noche pensando en ese sueño que tuve con el padre William y en que lo vería en su oficina en solo unas horas más.
Tenía algunas fotos de insectos con buenos enfoques que eran de mis favoritas, eran de mis mejores trabajos, así que cuando se hizo de mañana, fui a la oficina del padre William como él me lo había indicado, me detuve frente a la puerta y dudé un poco, no entendía por qué estaba tan nerviosa.
Me llené de valor y alcé la mano tocando dos veces la puerta y esperando algo impaciente que me atendiera.
—Pase —escuché su voz profunda.
Tragué pesadamente saliva, recordar lo de anoche me hacía sentir un poco nerviosa, no lo sé, es que se sintió extraño, como si no pudiera controlar mi cuerpo cuando estaba cerca de él, eso me asustaba.
«Der Windstille».
Tenía que dejar de pensar en eso, era el padre William, nada más, era mi autoridad; la de toda la iglesia, nada de otro mundo, solo tenía que ignorar su atractivo rostro y... ser, y controlar lo que le ocasionaba a mis hormonas.
Giré la perilla y pasé a su oficina acariciando la carpeta en mis manos con las fotos, su intenso olor a fragancia varonil me llenó los sentidos, el padre William llevaba su Indumentaria eclesiástica cubriendo su cuerpo, ¿quién pensaría que estaba tan ejercitado debajo de toda esa tela?, él estaba sentado detrás de su escritorio con la biblia en sus manos, los lentes puestos adornando su rostro, pareciendo más atrayente que antes.
Relamí mis labios al sentir mi cuerpo temblar, mis mejillas calentándose cuando él alzó la vista y sus ojos grises se clavaron en los míos, me estremecí por completo, la tensión en el ambiente siendo torturante para mí, de repente dándome calor.
¿Como podía ser tan atractivo? Y es que desde el primer instante me atrajo de una manera extraña que nunca había sentido en mi vida.
—Son las 7 y 4 minutos —riñó.
Uhm, al parecer no estaba de buen humor, solo habían sido 4 minutos.
—Perdone padre —dije y le enseñé la carpeta en mis manos—, estaba en la fotocopiadora y...
—No pedí que justificaras tu impuntualidad —replicó callándome la boca.
Al parecer amaneció gruñón hoy.
Él se quitó los lentes conservando su expresión de desagrado y continuó diciendo:
—Enséñame la razón por la cual se debe dejar vigente la clase de fotografía.
Me acerqué a su escritorio y le entregué la carpeta enseñándole la foto impresa que había seleccionado para convencerlo. Él la tomó observándola y la soltó en el escritorio con desdén, su expresión nunca cambió.
—¿Y bien? —pregunté queriendo que me dijera algo.
—No me gusta.
—¿Qué? —dije incrédula, era de las mejores fotos según mi criterio.
—Se ve muy corriente, no se ve real ni autentico, nada que me impresione, no vale la pena —dijo tomando nuevamente la biblia y noté que de hecho no era la biblia, es decir, era la caratula donde se leía Santa biblia pero tenía otro libro dentro.
¿Pero qué estaba leyendo entonces...?
Él cerró el libro a darse cuenta que lo observaba y se acomodó en el asiento.
No podía creer que de verdad no le impresionara algo que yo amaba y simplemente lo cerrarían.
Me parecía una falta de respeto, ayer parecía tener sentimientos, hoy él parecía solo un robot insensible.
—¿Pero qué es lo que quieres? —solté, él me miró y agregué bajándole volumen a mi tono de voz:— padre.
Él lo pensó por un momento probablemente viendo como me afectaba y dijo:
—Quiero algo extraordinario, algo real e impactante.
«¿y esto no lo es?»
Nada de mi trabajo entonces lo iba a impresionar, todos eran insectos, o al menos en su mayoría.
—Deme más tiempo, lo haré —juré.
Noté como pareció pensarlo y luego dándose por vencido dijo:
—Te daré hasta las 12 del mediodía, de lo contrario, no habrá contemplaciones.
¡Lo había logrado!
—Está bien, padre —dije inclinando la cabeza y me di la vuelta para irme antes de que cambiara de opinión, pero apenas toqué la perilla, escuché:
—Celeste.
Me detuve, mi nombre en sus labios me hizo estremecerme otra vez y él continuó diciendo:
—Quiero que sea extraordinario.
Lo será.
Salí de ahí y fui al devocional del ayuno de los sábados con las demás monjas, pero con la mente maquinando en qué podía fotografiar que fuera "extraordinario". Al salir fui hacia el amplio arroyo que quedaba a unos minutos de la catedral con mi cámara, este era un lugar apartado y sabía que casi nadie venía a estos lugares, era como mi lugar secreto, era lo que pensé durante toda la mañana, algo qué fotografiar que fuera espectacular.
El sonido de los insectos y aves junto con el fluir del agua del arroyo me relajaba, tomé fotos de los arbustos, las flores, pájaros, pero nada llamativo o algo que pudiera ser "extraordinario" según él.
Me senté a la orilla del rio intentando no frustrarme, me quité los zapatos y las medias metiendo mis pies en el agua tibia, hacía calor.
En este preciso momento estaba empezando odiar al padre William y a su actitud que me parecía soberbia, deberían de destituirlo por ser atemorizante y soberbio; un pecado.
Me caía mal.
De seguro él era así porque sabía que era guapo y tenía poder, lo cual era una estupidez porque estando en la catedral, nadie debía de estar pendiente de la belleza ni dándole cabida a los pensamientos carnales como precisamente me ocurría a mí con esos sueños húmedos.
Lo odiaba más que nunca por crearme esos pensamientos raros y esos sentimientos.
Miré el agua y las hojas secas que abundaban en la tierra, eran rojas, naranjas y verdes, era una buena idea para un auto retrato, bueno, parte, sería de espaldas con hojas que solo marcarían mi brazo y parte de mi hombro.
Sería perfecto.
Coloqué muchas hojas, esta foto la había visto hacía mucho tiempo por mi abuela que se la tomó mi abuelo, claro que ella estaba desnuda...
Me acosté en la pila de hojas de espaldas y con el temporizador coloqué el teléfono en el soporte, cuando miré la foto me decepcioné un poco, salía la túnica negra, pero los colores y la esencia era perfecto.
Sin embargo aun no era... extraordinario como lo pidió el padre William.
Me quité cofia de monja, soltando mi cabello asegurándome de que no hubiera nadie cerca, es que estaba prácticamente oculta en el arroyo en un lugar donde pocas personas transcurrían.
Volví a tomar la foto, pero no me convencía porque se veía la túnica, tal vez si la quitaba por un momento...
Me deslicé el cierre dejando mi espalda al desnudo, sería rápido, solo para que saliera mi brazo sin tela. Cuando terminé de bajarme el cierre me sobresalté al escuchar una hoja crujir, me detuve sosteniendo mi túnica.
¿Había alguien cerca?
Miré alrededor, no veía a nadie.
Fruncí el ceño algo extrañada, pero cuando miré por el reflejo del agua, reflejó una túnica negra oculta detrás de un árbol como si me espiara, podía identificar la cruz dorada de su pecho.
Era el padre William y me estaba espiando.
