Capítulo 8 Capítulo 7: Tentando al padre (Parte II)

Capítulo 7: Tentando al padre (Parte II)

Me quedé muy quieta.

No sabía si era un defecto de mi vista o mi imaginación es decir, había estado pensando mucho en él y además... ¿qué iba a hacer el padre de la iglesia espiando a una monja?

Pero...

¿Esa sombra?

Sabía que lo correcto era arreglarme la ropa e irme de aquí, pero me quedé quieta, mi corazón muy acelerado al pensar en que me estuviera viendo porque le parecía atractiva.

Ese pensamiento nunca había pasado por mi mente, el de parecerle atractiva a alguien... pero ahora, me sentía con muchas ganas de que siguiera viéndome y que admirara mi belleza.

Le abrí apertura a la soberbia y con manos temblorosas continué bajándome el cierre, sentía que tenía la garganta reseca, mi respiración irregular sin darle vueltas a lo que hacía, solo me terminé de bajar el cierre y entonces me descubrí la tela de los hombros siendo consiente de que le dejaba toda mi espalda desnuda, pero sin ser capaz de voltearme.

Me atreví a mirar nuevamente el reflejo del agua y para mi sorpresa o decepción él no estaba ahí.

Se había ido.

Me coloqué la túnica otra vez sintiendo vergüenza de mí misma.

¿Pero qué pasa conmigo?

No sabía por qué lo hice, y me sentía peor porque creía que debía de sentirme más mal de lo que estaba. Fui a mi habitación y me coloqué de rodillas para rezar el Ave María 10 veces, pero cuando iba por la mitad mi mente fue al padre William y al sueño que tuve anoche, cuando me atrapó contra la pared, luego pensé en sus torso desnudo, en los tatuajes de su abdomen y en lo bien que lucía cuando simplemente te veía con eso penetrantes ojos grises...

«Vögeln».

Abrí los ojos pidiéndole perdón a la virgen, pero sin saber qué me estaba ocurriendo.

Me sobresalté cuando mi reloj de muñeca hizo un sonido estridente sacándome de mis pensamientos, noté que eran las 12, la hora en la que debía de entregarle las fotos al padre William.

Tomé una profunda respiración y me quedé sentada en la cama.

Evitaría al padre William West hasta que estos pensamientos pecaminosos abandonaran mi cabeza...

...Así tuviera que sacrificar mi clase extracurricular.


Eran las 2 de la tarde, mi estómago gruñía de hambre, mi compañera de habitación Georgette se colocó los zapatos, ella había estado acostada en su cama esperando para terminar el ayuno igual que yo, ambas en silencio soportando las horas sin comer.

—¡Por fin! —dijo Georgette, de repente pareció apenada por haberse expresado así del ayuno y agregó:— Es que no comí anoche la cena, tengo un hambre de mil demonios.

Apreté mi estómago me estaba gruñendo con león enjaulado, yo también tenía mucha hambre.

—¿Vamos a comer? —dijo Georgette.

Relamí mis labios, me había prometido no salir como una forma de auto castigo para no ver ni seguir pensando en el padre William, pero estando aquí encerrada solo pensaba en que no debía de pensar en él y terminaba pensando más en él.

Creo que era una mala idea el aislamiento para retener mi imaginación.

—Eh... yo... —murmuré sin saber qué responder.

—Apresúrate, hoy darán puré de papas —me dijo emocionada.

Mi estómago gruñó, el puré de papas era una delicia aquí.

—Vale. —dije, ella salió cerrando la puerta.

Creo que tenía salir de aquí.

Me levanté arreglando mis zapatos, creo que lograría evitar encontrarme con el padre William, después de todo él no comía con nosotras en el comedor, siempre comía a parte, así que era un alivio.

Para empezar a tener otra vez mis pensamientos en normalidad, tenía que actuar con normalidad.

Bajé las escaleras hacia la cocina, ya la mayoría de las monjas debían de estar en el comedor porque no las veía por los pasillos, después de un ayuno era muy común que corrieran al comedor a comer.

Cuando crucé el pasillo para llegar a mi destino, me detuve en seco y aguanté la respiración cuando tropecé de frente con el padre William West.

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