Acorralado

¡No! Mi corazón latía furiosamente en el pecho mientras veía la alta figura de Daniel fundirse con las sombras, su silueta desvaneciéndose de mi vista. De repente, las piernas me flaquearon y luché por sostener mi propio peso.

A solo unos instantes de caer al suelo, me tomó por sorpresa una mano fu...

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