Capítulo 38

Lumae llevaba horas sentada. Sus manos empezaban a dolerle por las esposas, y se frustraba cada vez más por el constante silencio del auricular. Necesitaba encontrar una forma de salir de la habitación, y rápido. Empezó a moverse para ver si algo que la sujetaba estaba suelto, pero sin éxito, así qu...

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