Capítulo 12 CAPÍTULO 11

— EL CONEJO

Victoria se rió tanto que tuvo que agarrarse del asiento cuando el carro tomó la curva.

—¿Mi tío? ¿El tío Richard? —Se secó los ojos con el nudillo—. Ay, Alexander, de verdad que eres un salvaje. Ese señor me enseñó a jugar ajedrez cuando tenía seis años. Me regalaba libros de ciencia ...

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