Capítulo 4 UN PRIMER ENCUENTRO II
AISHA ROBINSON
UNIVERSIDAD
EN ALGÚN LUGAR DE ALEMANÍA
•✦───────────•✧
Una hora después, las clases se han terminado y camino rápido para dejar atrás a mi fastidiosa amiga que no ha pasado de hacerme preguntas cómo; ¿Cuántos años tiene? ¿Esa chica sentada en sus piernas era su novia? ¿Sabes si puedo salir con él? Me duele la cabeza de tantas preguntas y me estoy comenzando a molestar. Así que simplemente me quedo callada, parece que le gusta demasiado y no quiero ser yo quien rompa sus ilusiones. No ha dejado de insistir en que vayamos a la fiesta, que la pasaremos bien, que no me voy a arrepentir. Ya me conoce, sabe lo que pienso y es mejor dejar que hable sola. Ahora solo deseo llegar a casa y no tener que encontrarlo en el pasillo con otra chica más.
— ¡Aisha, espera! — me llama, pero me hago la desentendida y sigo de largo. Cómo es hora de salida, todo los pasillos están abarrotado — ¡Me estás ignorando! — escucho sus pasos y claro que la ignoro, pero se viene detrás de mí y aprovecho que no me ve y soy bajita para escabullirme por una de las esquinas y despistar a mi ansiosa amiga.
Zigzagueo entre los estudiantes que se apretujan para largarse de aquí y todos parecen unos salvajes queriendo huir de un zoológico y no los culpo. No parece una salida de un instituto si no el final de un concierto a casa llena donde se empujan para salir primero después de ver a su artista favorito.
Miro al suelo varias veces para no tropezar e irme de bruces, aprieto los cuadernos contra mi pecho y justo cuando estoy por salir del bullicioso grupo, unos brazos me agarran por la cintura y me levantan hasta meterme en un cuarto pequeño, el cuarto de limpieza. Intento gritar para que alguien venga ayudarme, pero me tapan la boca y solo forcejeo intentando que me suelte hasta que escucho su voz.
— ¿Acaso quieres morir aplastada? — reconozco el tono de voz de inmediato — ¿De quién estás huyendo? — retira su mano y me doy vueltas para mirarlo.
Muy pocas veces tenemos este tipo de acercamientos que me hace sentir algo incómoda y extraña. Puede que nos conozcamos desde muy chicos, pero ahora somos un tanto adultos y aunque cada uno parece que hubiera tomado su propio camino a lo largo del tiempo, no es muy probable que estemos así, tan cerca en un mismo lugar, uno tan pequeño como este. Además, estudiar en diferentes áreas de la universidad ayuda a que coincidamos poco.
— No estoy huyendo de nadie, solo quería salir rápido de aquí — digo con irritación.
— ¿Segura? — se peina el cabello con los dedos — La verdad no te lo reprocho, al igual que tú me desespera ese montón de idiotas jodiendo.
— No deberíamos estar aquí — le doy la espalda para buscar la puerta — Y si, también me desespera tantas personas, pero ya debieron irse — intento abrir, pero no me deja y bloquea la puerta con su mano.
— No deberíamos, pero no me importa — me mira directamente a los ojos por un segundo antes de sacar el móvil de su bolsillo cuando le suena lo que parece un mensaje — Solo he venido aquí para no toparme con esa tonta rubia — se refiere a la que tenía en las piernas hace un par de horas. No me interesa esa información.
— ¿Estás huyendo? — imito su pregunta.
— No estoy huyendo de nadie — sigue sin quitar la mano de la puerta — Ya quedé con otra y no tengo tiempo para lloriqueos.
— Si, ya lo creo — ruedo los ojos y saca esa sonrisita de satisfacción, le doy la espalda para intentar abrir, pero suelta era sonrisita de satisfacción — Espero que tengas mucha suerte, pero yo tengo que irme a casa — mi mano busca el pomo de la puerta, pero inmediatamente él pone el seguro.
— Ups, creo que se ha cerrado la puerta — parece idiota, claro que se ha cerrado — Ahora estarás encerrada conmigo.
Me vuelvo hacía él con los brazos cruzados. Odio sus tontos jueguitos.
— Káiser, déjate de tonterías — comienzo a perder la paciencia. Estás son las cosas que me molestan de su actitud infantil — Abre la puerta. ¡Ahora mismo! — acorta la distancia tan rápido, que no se que sucede conmigo.
Tal vez estoy asombrada por tenerlo tan cerca o la impresión de estar encerrados en este lugar. Estoy segura que no siento nada por él, pero lo que no entiendo es la forma en que mi cuerpo parece reaccionar de una forma extraña ante su cercanía. Si lo miro detalladamente, tiene un color de ojos avellana claros, tan claros que parecen de un verde profundo. Es más alto que yo, como unas dos cabezas, quizás un metro ochenta y cinco, su piel es blanca y el cabello es rubio oscuro haciéndolo ver cómo un niño bonito de ese que a las otras tanto les gusta.
— ¿Y qué pasa si no quiero obedecerte? — susurra y parpadeo confundida.
Retrocedo un poco, pero mi espalda choca con la puerta.
— Ya déjate de juegos ridículos — alejo mi rostro del suyo.
— No estoy jugando — me toma de la barbilla para que lo mire a los ojos — ¿Te da miedo estar encerrada conmigo?
Usa ese tono conmigo, ese que conozco muy bien.
— ¡Ay por favor no seas ridículo! — parece que respondo demasiado rápido — Es solo que…
— ¿Qué? — desafía y trago grueso.
— No quiero tener problemas — es cierto — Además, no quiero tener que lidiar con tus fans — intento que no suene cómo si le estuviera montando una escena de celos. Pero, creo que he fracaso, ya que sueno tal cual.
— No son mis fans.
— No me importa.
— Es mi chica la que quiere verme — aprieto los labios con el estupido comentario.
¿Qué me está sucediendo? ¿Acaso me estoy volviendo loca? Si es su chica, novia, amante o la número ciento cincuenta mil, no es mi problema. Puede presumir lo que quiera por toda la universidad y no tiene que interesarme.
¿Por qué no me interesa verdad? ¡No, claro que no me interesa en lo absoluto!
— ¿En qué piensas tanto? — pregunta sacándome de mis pensamientos.
— No es tú problema, pero pienso en el chico que me gusta — se le borra la sonrisa de golpe y por una fracción de segundo creo que se ha molestado por mi comentario.
