Las duras verdades

—Lo siento, yo... te seguí, Nic. —Maeve se da la vuelta dándonos un momento para arreglarnos la ropa—. Quiero decir, tenía la sensación de que no debía hacerlo, así que esperé un poco para seguirte al agujero, pero... —balbucea con las mejillas de un rosa brillante—. ¡No puedo creerlo! ¿Cuánto tiemp...

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