Capítulo 2 Ni en tus sueños

Apenas pudo dormir esa noche. Soñó con la risa burlona de aquella perfecta mujer, que señalaba su cuerpo con asco. Soñó con la mirada pervertida de su jefe y lo peor de todo, soñó que su hermanito moría por su culpa, por no poder pagar su tratamiento.

Florencia llegó a su puesto de trabajo y se colocó el uniforme mientras pensaba en su hermano. Anoche tuvieron que internarlo de vuelta, el asma estaba empeorando por la humedad de las paredes de su casa, que habían formado unos hongos peligrosos. Pero repararlas costaba un dineral, al igual que cada internación de Mateo.

Se apresuró para fichar, cada segundo tarde podría costarle parte de su sueldo. Se sorprendió al encontrar a su compañera con un traje de dos piezas en vez del uniforme de limpieza- ¿A qué se debe la ocasión?- Bromeó como siempre. Pero la mujer la miró con aires de superioridad, como nunca antes la había visto.

-Quiero que a partir de ahora llegues media hora antes, para que no ocurran atrasos.

Florencia la miró sorprendida y descubrió que en su chaqueta tenía un pequeño cartel con su nombre y la sigla “gerente”. Tragó saliva pesadamente. ¿Acaso ella…? No se atrevió a preguntar qué había hecho para conseguir el puesto que tanto había deseado. No podía juzgarla, ella había sido una cobarde.

“Quizás tendría que haberme acostado con el jefe y deja de ser tan dramática”

-Si… señora- respondió conteniendo su frustración.

-Apresúrate a limpiar todo el primer piso.

-¿Yo sola? Pero son muchas habitaciones, podría tomarme todo el día.

La mujer la miró con dureza- ¿Estás diciendo que no eres capaz? ¿Que debería buscar a alguien más joven? ¿Más ágiil?- Dijo mirando con desprecio su cuerpo.

Florencia se enocgió en su lugar- No, ya mismo voy.

Eran las siete de la tarde cuando terminó toda el área que tenía asignada. Apenas recibió algo de propina con la que podía pagarse el viaje en taxi al hospital y nada más.

Necesitaba apresurarse antes de que terminara el horario de visitas.

-Hola Mateo…- susurró entrando al cuarto- Mira lo que te traje.

El niño sonrió débilmente al ver una bolsa con sus golosinas favoritas.

Florencia besó su frente y le entregó el obsequio- Prométeme que vas a comer solo algunas luego de la cena ¿Si?-

-Shi…- murmuró cansado.

La joven de cabellos negros respiró profundamente para no llorar frente a él. Su hermanito era tan pequeño, tan frágil como una hoja en el viejo, que tenía miedo de que se rompiera-  ¿Sabes que tu hermana mayor va a cuidar siempre de tí?-

-¡Lo sé!-

Florencia rió divertida- Haría lo que sea por ti mi amor- susurró con la voz congestionada- Lo que sea…

-John…- ronroneó una morena contra su cuello.

Él rió divertido, disfrutando de los mimos de la mujer que había pagado para que fuera su acompañante esa noche. Apenas había llegado hacía unas horas al país tercermundista, y no pudo evitar pasar por uno de los bares exclusivos y más caros de la zona.

No estaba nada mal, la música era fuerte, la bebida y la comida exquisita, y las mujeres eran hermosas, voluptuosas y finas a la vez, como a él tanto le gustaban.

Acarició suavemente la pierna de la morena que se había enroscado sobre su regazo, a punto de pasar los límites de lo público.- Querida, cálmate- susurró pero no la detuvo.

-Señor…-

Le pareció escuchar la insoportable voz de su secretario, pero lo ignoró y besó a la modelo como un depredador hambriento.

-Disculpe por interrumpirlo señor… pero es urgente.

-¿Qué quieres?- Dijo fastidiado- Lo que menos quiero es ver tu cara en este momento, me enfrías…

-Lo siento señor, pero deberíamos irnos, los paparazzis se enteraron que está aquí dentro y van a entrar en cualquier momento.

John estaba furioso, odiaba a la prensa, siempre quería arruinar su imagen. Fastidiado corrió a la modelo de su regazo- Lo siento cariño, será la próxima.

La morena lo miró decepcionada, porque sabía que no habría una próxima vez. John nunca repetía mujer, había perdido su oportunidad de hacerse conocida.

El millonario se movió apresurado siguiendo a su secretario por detrás. Lo llevó a la parte trasera del bar, por una salida privada por la que podía escaparse sin ser visto.

-Mierda…- Murmuró cuando cientos de flashes lo golpearon.

“¡Señor Connor! ¿Es cierto que va a construir un conglomerado en la zona urbana?”

“¿Va a dejar en la calle a esas familias?”

“¿Vas a destruir esas vidas? ¿No te da vergüenza?”

John se cubrió el rostro con su chaqueta y se movió por un costado. -Sin comentarios- murmuró. Pero los periodistas no parecían estar satisfechos y lo siguieron con sus malditas cámaras y micrófonos.

“Mierda, necesito escapar” Pensó nervioso. Fue en ese momento que vio un taxi pasar por la calle. Se tiró encima para frenarlo y entró sin siquiera pedir permiso.

-Sáqueme de aquí- Ordenó al chofer, sin saber a dónde ir.

-¿Disculpe?-

John escuchó la dulce voz de una mujer al lado suyo. Se giró asustado, pensando que era una reportera que se había colado en el coche, pero cuando la vio, se tranquilizó. Era una mujer común, que vestía un uniforme viejo y olía a productos de limpieza.

-Este es mi viaje- murmuró la mujer que lo observó cansada.

-Oye, muñeca…- dijo con su voz seductora, pero la mujer no pareció hipnotizada.

-Por favor, bájese.

John miró a los alrededores, aún lo estaban buscando. Esas malditas sanguijuelas querían conseguir la tapa de la portada del diario de mañana.

“Empesario europeo le quita las tierras a los nativos” Eso diría el título y él no les iba a dar la oportunidad de ganar dinero con su imagen.

Observó a la mujer con detenimiento. No era para nada su estilo. No es porque fuera pobre, había salido con mujeres como ella, desesperadas por algo de dinero. En realidad era por su aspecto. Era una mujer desarreglada, de ojeras pronunciadas y un cuerpo para nada esbelto. Sus piernas eran pesadas, al igual que sus caderas. Todo su cuerpo era robusto, definitivamente no era para nada su tipo.

Entonces, un paparazzi lo descubrió y los flashes lo enceguecieron.- ¡Por favor sácame de aquí!-

Florencia estaba cansada. Mañana tenía que levantarse temprano para hacer horas extras y pagar la factura de su hermanito, lo que menos quería era empezar una aventura a lo desconocido con ese apuesto hombre.

¿Apuesto? pensó a sus adentros, sintiendo sus mejillas arder.

Estuvo a punto de pedirle que se baje, pero la mirada suplicante del hombre la hizo ceder. -Chofer, siga viaje por favor.

John suspiró aliviado cuando se alejaron del alboroto. En ese momento, su secretario le envió un mensaje.

“Los periodistas rodearon su hotel, será mejor que se esconda por esta noche”

-Mierda…- gruñó frustrado.

-Ya nos alejamos, puedes bajarte aquí- murmuró la mujer.

-Déjame quedarme en tu casa por esta noche.

-¡¿Qué?! ¿Estás loco?- exclamó sonrojada, pero el hombre no parecía estar riendo- Ni hablar, no te conozco, no sé si eres un ladrón o…o…

-¿Un pervertido?- ella asintió nerviosa- Cariño, no te preocupes por eso, no te tocaría ni con un palo.

La frase salió de su boca antes de pensarlo, pero la mujer no pareció sorprendida por su comentario, como si estuviera acostumbrada a ella- Escucha, solo por esta noche ¿Si? te pagare lo que quieras.

El rostro de Florencia se puso sombrió- No voy a cobrarte… yo no me aprovecho de la desesperación de las personas… Solo lo voy a hacer porque me das pena.

En ese momento, el coche se detuvo frente a una pequeña casa descuidada. Florencia le pagó al chofer y bajó. John la siguió por detrás- ¿Esta es tu casa?- dijo sorprendido. La casa era apenas del tamaño de su baño de invitados.

-¿Algún problema?-

El joven no pudo decir nada cuando la noche se llenó de gritos- ¡Flor!- exclamó una mujer mayor- ¿Cómo está Mateo?.

-Hola má…- la saludó dándole un beso a ella y a su padre- él está bien, está descansando.

De repente, la mujer igual de robusta lo notó -¿Quién es el apuesto muchacho?-

-John Connor… un gusto señor, señora…- No esperaba encontrarse con más personas. ¿Acaso todos vivían en esa pequeña casa? estaba comenzando a pensar que sería mejor dormir en el asiento trasero de su auto, pero el frío de la noche lo metió dentro de la casa de un salto.

-Oh es extranjero- dijo la mujer divertida- Y uno muy guapo. Nunca te vi con un joven tan de revista.

Florencia ignoró a su madre- Vas a dormir en el sofá, ahora te traigo una frazada.

-Florencia no seas así con nuestro invitado ¡Siéntate a comer algo caliente!.

-Oh yo no…- La mujer no aceptó un no como respuesta y lo sentó en una silla con una sopa caliente delante suyo. No tuvo más remedio que tomar la sopa que se veía desagradable. Pero para su sorpresa estaba deliciosa y calenó su cuerpo al instante.

-¿A qué te dedicas?- finalmente habló el hombre de la casa.

-Soy inversionista.

-Vaya…- exclamó la mujer- Eres todo un partido, harían una gran pareja ¡Mí Florencia es toda una trabajadora!

Florencia miró avergonzada a su madre y dejó la frazada sobre el sofá- No te ilusiones mamá, él jamás estaría con una mujer como yo….

-Cariño, no seas así…

John la miró de verdad por primera vez en toda la noche.

Florencia ya no llevaba el horrible uniforme de dos piezas, ahora llevaba puesta una remera gastada de Nirvana, unos pantalones deportivos negros y su cabello suelto hasta la cintura. Sus mejillas estaban sonrojadas y sus labios hinchados y rojos. Su mirada marrón se clavaba en él como mil agujas venenosas.

Simplemente se veía…

No pudo terminar de formular lo que estaba en su mente, cuando la joven lo interrumpió- Que descansaes, John Connor.

A la mañana siguiente, Florencia se levantó con el primer rayo de sol.

Para su sorpresa, el hombre no estaba por ningún lado. Jamás admitiría en voz alta la decepción que sintió en su pecho.

“Ningún hombre podría amarte de verdad, solo se aprovechan de tí”

Un pequeño papel y un fajo de billetes colocados prolijamente en el sillón llamó su atención. Tomó el dinero asombrada, era más de lo que le pagaban al mes. ¿Cuánto dinero tenía ese hombre? ¿En verdad era un millonario inversionista? Tragó saliva pesadamente y leyó la carta que simplemente decía “Gracias Florencia”

Llevó el papel a su pecho. Ese hombre misterioso y arrogante la había salvado de los apuros, con ese dinero iba a poder pagar los gastos de su hermanito y quizás hasta pagarle un buen tratamiento por un tiempo.

Quería agradecerle, pero estaba segura que jamás lo volvería a ver. Que se hayan cruzado fue pura casualidad. En la vida real sus mundos jamás podrían cruzarse.

¿Cómo una mujer como ella, gorda, pobre y sin gracia, podía estar en la misma habitación que un hombre como él?

-Ni en tus sueños, Florencia.

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