Capítulo 3 ¡Suéltame pervertido!
Tres meses pasaron desde aquel extraño encuentro.
Ya no le quedaba nada del dinero que ese hombre le dio por su hospitalidad. Apenas le alcanzaba para vivir, para los remedios de su hermano y para ayudar a sus padres, que con la jubilación de su padre apenas llegaban a fin de mes.
-Apresúrate, la suite presidencial tiene que estar impecable para esta noche- Le ordenó con fastidio la gerente.
Florencia asintió sin chistar, aunque sus pies le ardían por tanto estar parada y los productos químicos le habían dado dolor de cabeza.
Trabajar doble turno era insalubre. Apenas llegaba a casa se acostaba y al otro día se levantaba, se daba una ducha y salía, y así todos los días de su vida.
“Te va a hacer bien ejercitarte más ¿Quien sabe? Quizás puedas sacarte esos kilos de más” La animaba su nueva jefa.
-Quizás…- murmuró mientras arrastraba su carrito de limpieza.
“Quizás si adelgado, entonces un buen hombre va a mirarme más allá de mi cuerpo” Pensó a sus adentros.
De repente, un ramo de flores amarillas apareció frente a sus ojos- Buenos días Florcita.
-Oh… Buenos días señor Smith- dijo tomando el ramo de flores del empresario.
La joven estaba acostumbrada a que el hombre mayor pasara por el hotel tan solo para visitarla y darle algún que otro obsequio costoso que había rechazado amablemente hasta que ya no supo cómo evitarlo.
Era un hombre muy mayor, tanto que podría ser su padre, o hasta su abuelo. Además, todos lo conocían como un tipo despiadado y sin corazón, que creía que podía conseguir lo que quisiera con su dinero, hasta a una mujer que podía ser su hija, o peor aún, su nieta.
-¿Hoy si me vas a aceptar una cita?-
Florencia sonrió incómoda y retrocedió buscando alguien que la salvara. Pero el pasillo estaba vacío- En otra ocasión señor Smith, tengo mucho trabajo…
-Sabes que conmigo no vas a necesitar trabajar más- Sin previo aviso, el hombre tomó su mano con la suya, caliente y calloza- Estas preciosas y suaves manos no deberían arruinarse con esos químicos. Merecen ser tratadas con cuidado. Mira tus uñas, podrías tenerlas largas y brillosas, y quien sabe, hasta adornadas con un anillo de diamante.
Florencia juró que el hombre se relamió como si mirara el pedazo de carne más jugoso de la tienda. -Eres la mujer más preciosa que he visto… Quienes digan lo contrario están ciegos…
-G-Gracias…- murmuró alejando su mano del toque incómodo.
-Lo digo en serio, esas curvas…- Dijo escanéandola descaradamente- Eres una verdadera mujer. Robusta, de caderas anchas, perfecta para tener hijos.
Florencia tuvo suficiente por esa mañana.
-Debo seguir trabajando- Dijo fingiendo que no había escuchado lo que acababa de decir- Si me disculpa…- Pero antes de que pudiera escaparse, el anciano la tomó de su brazo regordete.
-Voy a volver una y otra vez hasta que me digas que si-
Florencia huyó despavorida.
Por lo menos se había salvado por un tiempo más. Pero Smith era insistente y en ocasiones llegó a considerar su oferta. Se sentía asqueada de solo pensar en vender su cuerpo por dinero.
Miró nerviosa por el pasillo y suspiró aliviada al ver que no la había perseguido.
-Permiso señor- Murmuró entrando a la oficina de su jefe- Vine por mi paga.
-Claro Flor- dijo de buen humor- Aquí tienes.
El sobre se sintió liviano entre sus manos. Al comprobar el dinero, un nudo se formó en su estómago- Debe haber algún error señor…
-¿A qué te refieres?
-Falta la mitad, este mes trabajé doble turno.
-Oh no, el monto está correcto. Lo que sucede es que se te descontó la deuda del hospital que atiende a tu hermanito.
-¿Qué? ¿Qué deuda?
Su jefe se mostró fastidioso- Sabes bien que el director del hospital suele usar nuestros hoteles para hospedarse, no quería que nuestra imagen se arruine por una deuda tuya ¿Sabes? así que decidí descontar directamente de tu sueldo, me parece lo más justo.
Sintió que el piso desaparecía bajo sus pies.
-Ey ¿Estás bien? Estás pálida.
Florencia apenas pudo salir antes de derrumbarse allí mismo. Tomó su celular y con las manos temblorosas marcó el número de su madre.
-Hola cariño qué sorpresa que me llames en tu horario laboral.
-Dime que no es verdad…-Suplicó.
-¿Qué cosa cariño?
-¿Tenemos una deuda con el hospital?
El silencio del otro lado del teléfono le confirmó lo que no quería que fuera verdad.- E-Era un tratamiento innovador… Las posibilidades de que funcionara eran de un 50 por ciento… pero no sirvió- sollozó su mamá- Lo siento cariño, pensé que eso iba a poder curar a tu hermana.
-¿Cuánto?-
-Cariño, no hace falta que…
-Por favor, mamá- Dijo tratando de no gritar- Dime cuánto debemos…
-25 mil dólares…- suspiró su madre- El hospital me hizo un pagaré y…
-Olvídate de eso, yo me encargo.
-No cariño tú no puedes…
-Florencia cortó la llamada y se quedó mirando un punto fijo en la pared. 25 mil dólares, eso significaba muchas, muchas horas de doble turno y quizás hasta horas extras los domingos, su único día libre. El problema es que llevaría años saldar esa deuda con el miserable sueldo de empleada de limpieza.
La alfombra del pasillo se llenó de sus lágrimas amargas que las limpió con fuerza con la manga de su uniforme. No era momento de llorar, tenía que seguir limpiando habitaciones, tenía que mantener el trabajo que le daba de comer.
—
-Mhhh….- Murmuró John contra la almohada. El teléfono de la recepción no había parado de sonar.
Le dolía la cabeza. No recordaba a qué hora había llegado al hotel luego de una noche de excesos y mujeres hermosas. Luego del escándalo, había tenido que esconderse de los medios de comunicación por tres meses. Finalmente se habían aburrido de su caso y pudo regresar a latinoamérica sin que nadie lo molestara.
O eso creía.
-¿Qué?- finalmente dijo contra el teléfono.- Si sigues jodiendo mi sueño voy a hacer que te despidan.
-Lo siento señor Connor, pero la señorita Emily Salvatierra quiere verlo.
John abrió grandes los ojos. Esa maldita mujer, la hija de uno de los inversores, no lo dejaba en paz. Estaba completamente obsesionada con él.- Mierda, dile que no estoy, no permitas que pase.
-Lo siento señor Connor- dijo con nerviosismo- Intenté detenerla pero subió igual…ya debe estar por llegar.
-Mierda- Gruñó cortando la llamada. Iban a tener que cortar varias cabezas por ese error.
En ese momento, la puerta se abrió- Emily ¿Que há….?
No pudo terminar su frase, delante de él estaba una empleada de limpieza, que lo mirada como si nunca hubiese visto un hombre desnudo.
Florencia estaba en shock, su jefa le había dicho que limpiara urgentemente la suite presidencial. Solo que no esperaba encontrarse con un hombre completamente desnudo y servido sobre la cama. Sus ojos marrones se movieron por su torso marcado y desnudo y por su…
-¡Oh Dios mío! ¡Cuánto lo siento!- Estaba roja como un tomate. Jamás había visto una hombría en vivo y en directo y menos de ese tamaño. Intentó escapar, pero el hombre dio dos zancadas y ya estaba tomándola de los hombros y cerrando la puerta detrás de sí.
-¡Ah!- chilló sorprendida.
-No te vayas- La estampó contra la puerta y la encerró entre sus grandes brazos.
Florencia cerró los ojos con fuerza al sentir su cuerpo caliente tan cerca del suyo. Sintió como sus rodillas se aflojaban y el aire se espezada, el perfume exquisito y varonil la embriagó.
Sus mejillas estaban calientes, al igual que sus orejas. ¡Tenía un hombre desnudo delante suyo!
-Necesito que me hagas un favor- Solo cuando el hombre habló con la voz grave y algo nerviosa, fue que abrió lentamente los ojos.
Entonces lo reconoció. Era aquel hombre al que había salvado de los paparazzis.
-Tu….- dijo reconociéndolo- ¡Maldito pervertido!-
