Capítulo 4 Una mujer con curvas

-Tu….- dijo reconociéndolo- ¡Maldito pervertido!-

-¿Pervertido?- Dijo furioso.

Florencia tembló debajo de él, luchó porque sus ojos no bajaran por su cuerpo desnudo. -E-Estás desnudo.- Dijo mirando hacia el techo.

John bajó la mirada a su propio cuerpo. “Mierda” pensó. No recordaba haberse quitado toda la ropa la noche anterior. Se alejó de la empleada como si quemara y corrió a ponerse su ropa interior. Florencia mantuvo su mirada en el techo, aún pegada a la puerta.

-Espera…- dijo el millonario, acercándose lentamente- Te conozco ¿Verdad?- Dijo examinándola detenidamente.

Otra vez estaba invadiendo su espacio personal con su cuerpo tallado a mano y su olor a hombre que le nubló la mente- Te alojé en mi casa hace unos meses…- apenas pudo decir.

El estúpido hombre sonrió con sus blancos y perfectos dientes- Así que eres tú… Es hora de que me devuelvas el favor ¿No crees?

Florencia lo miró con el ceño fruncido- ¿De qué hablas? ¡Yo te deje entrar a mi casa! Comiste mi comida, dormiste en mi sofá. Gracias a mí pudiste escapar de los periodistas.

John se rió divertido y acercó más su rostro. Florencia se tuvo que pegar a la puerta para que sus narices no se rozaran. -Te di una gran cantidad de dinero, mucho más de lo que valió tu ayudita. Estuve generoso ese día.

Florencia lo miró fijamente a los ojos. El color era de un turquesa intenso, más brillante que un cielo despejado.

Lo odiaba.

¿Quién se creía que era?. -Yo no te pedí dinero.

-Pero lo usaste ¿O no? A menos que tengas el dinero en efectivo y en este momento, me debes ese dinero, más intereses.

-Olvídalo- Exclamó y tomó su quit de limpieza- Que te salve otra ingénua. Tengo que seguir trabajando. - Trató de voltearse hacia la puerta, evitando el contacto de su cuerpo con el suyo.

-Espera… puedo darte mucho más.- Murmuró impidiendo que abiera la puerta.

Florencia se congeló en su lugar. Iba a mandarlo a la mierda. Estaba cansada de que todo se tratara de dinero, pero entonces recordó la deuda de su madre.

-25 mil dólares- Sentenció cruzándose de brazos.

-¿Qué?- dijo incrédulo. Pero la mirada de Florencia no cambió. Sus ojos marrones se clavaron en los suyos con una determinación que lo dejó mudo. La mujer hablaba en serio.

De repente, se escucharon pasos de tacón fuera de la habitación. Luego, golpes fuertes vibraron contra la puerta- ¿Johnny?- La voz de una mujer los enmudeció.

“Mierda mierda”

Florencia lo miraba divertido. No tenía escapatoria.

-Está bien, 25 mil grandes- Susurró.

-Hecho- Florencia extendió su mano para cerrar el trato. Sin embargo, John la tomó del brazo y la llevó a la cama.

-Espera ¿Que tengo que hacer?- Florencia se arrepintió de no haberle preguntado antes lo qué tenía que hacer.

-Quáteta la ropa- Ordenó acostándose en la cama debajo de las sábanas.

-Estás loco. No voy a quitarme la ropa- Dijo abrazando su cuerpo.

“¿Johnny? ¿Estás ahí? Abre la puerta”

-No puedes estar en la cama conmigo con la ropa de empleada. No va a creerselo-

Tenía un punto. Pensó Florencia. El problema era quitarse la ropa y que ese hombre la viera en ropa interior. Jamás ningún hombre la había visto tan vulnerable, tan expuesta, dejando al descubierto todas sus inseguridades.

Pero pensó en la deuda y en su hermanito. “Haría lo que sea por él”

Cerró los ojos mientras se desabotonaba la camisa, dejando al descubierto sus grandes pechos tapados por un corpiño de encaje color negro.

John no esperaba quedarse sin aliento y que sus ojos no pudieran escaparse de esos pechos pálidos con lunares salpicados como galaxia. Tragó saliva pesadamente cuando el pantalón cayó al suelo dejando al aire el gran vientre, su cintura algo marcada y sus grandes caderas.

-Ven aquí…- murmuró apenas, extendiendo su brazo.

Florencia quería llorar. Pero algo era distinto esta vez. No la miraba con asco, la miraba con curiosidad, como si nunca antes hubiese visto una mujer grande como ella.

“Por supuesto. Las mujeres de su target deben ser mujeres esbeltas, sin un gramo de grasa, con las clavículas marcadas”

Insegura, tomó la mano cálida de John y se dejó llevar hacia la cama. Se sentó en el borde, con las piernas juntas y las manos sobre su regazo, sin saber exactamente qué hacer. ¿Se acostada a su lado? ¿Debajo de las sábanas? Tenía miedo de ocupar toda la cama, de que la viera con desagrado.

De repente, la voz de John la sacó de su espiral de inseguridades.

-Tiene que ser creíble-

-¿Qué? ¡Espera!- No tuvo tiempo de alejarse, él tomó su cuerpo como si no pesara nada y la tumbó en la cama con él encima, encerrándola entre sus brazos. Sus rostros quedaron muy cerca uno del otro. Sus respiraciones se mezclaron y el calor de sus cuerpos también.

John se quedó sin habla. Su piel era suave y amasable debajo de sus fuertes brazos. Estaba impactado. No sabía qué pensar al respecto. Las mujeres con las que estaba eran delgadas, fáciles de cargar, de manejar. En cambio, Florencia era intimidante, y le provocaba sentimientos contradictorios. Tenerla debajo de él, mirándolo con sus grandes ojos castaña, lo intimidó.

-E-Esto es demasiado- susurró nerviosa.

-Es el escenario perfecto, aunque…- John miró con molestia el peínado prolijo y su cabello recogido en un rodete perfecto. Aún tenía recuerdos de su pelo enmarañado aquella noche que había sido huésped en su humilde casa. Sin pedirle permiso, desarmó el peinado. El cabello azabache cubrió toda la almohada y enmarcó el rostro de Florencia de una manera salvaje y distinta.

Ya no parecía la insegura mujer de hacía unos instantes.

“¡John! Sé que estás ahí, voy a entrar” John se giró nervioso hacia la puerta.

Florencia no supo de dónde sacó el valor para hacer lo que estaba a punto de hacer. Pero sabía que no iba a tener otra oportunidad como esta, aunque sea una cruel mentira. Lo tomó de la nuca, obligándolo a mirarla otra vez, y antes de que pudiera darse cuenta de lo que estaba por hacer, lo besó.

El beso fue torpe, algo doloroso y desesperado. Sabía que estaba mal, sabía que el hermoso hombre iba a sentir asco.

Un, dos, tres segundos pasaron, y más, pero John no se alejó.

Finalmente, cuando sus pulmones pidieron aire, se separaron, apenas unos centímetros.

-¿N-No era que nunca saldrías con una mujer como yo?-

John abrió la boca para decir algo, justo cuando la puerta se abrió de golpe.

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