Capítulo 5 Jamás saldría con un hombre como tu
-¿N-No era que nunca saldrías con una mujer como yo?-
John abrió la boca para decir algo, justo cuando la puerta se abrió de golpe.
Ambos se giraron hacia la salida. Allí estaba una mujer que Florencia jamás podría olvidar. La rubia alta y modelo que la había humillado unos meses atrás. La mujer de piernas largas y vientre plano que le tomó fotos y se burló de su cuerpo. La mujer de piel tersa y sin imperfecciones que le dijo “Nunca seás una mujer como”
-John…- exclamó la mujer, antes de darse cuenta de lo que estaba pasando. Su hombre estaba desnudo en la cama encima de una chica. ¡Por eso no atendía a sus llamadas!. El muy mujeriego apenas había llegado al país y ya se estaba encamando con una latinoamericana cualquiera.
-Emily- exclamó John, aferrándose con más fuerza a Florencia. O sea a la farsa que había armado.
Florencia quiso esconderse debajo de las sábanas, o correr hacia el baño. A donde sea pero lejos de esos ojos felinos que la escaneaban. Cuando vio su expresión de reconocimiento, supo que estaba perdida. Una sonrisa torcida y burlona se dibujó en su rostro.
-Por un momento pensé que eras competencia para mí…- Emily se contoneó dentro de la habitación, agitando sus caderas pequeñas y sus piernas aún más altas por sus tacones de 12 centímetros color rojo- Ay Johny Johny… No sabía que tenías un gusto tan asqueroso en las mujeres… ¡Mirala nada más! ¡Ocupa casi toda la cama! Es como una ballena encallada- Rió a carcajadas.
Su risa retumbó dolorosamente en sus oídos. Florencia deseó que en ese momento se abriera un agujero debajo de ella y la tragara para siempre. Intentó irse, pero John se aferró con más fuerza a sus brazos- Con quien me acueste es problema mío…-
“¿Acostarse?” Pensó la azabache con amargura. “Él jamás se acostaría con alguien como yo. Jamás me tocaría con deseo”
-Cariño… no tienes que caer tan bajo ¿Tan desesperado estás?-
-Será mejor que me vaya- Exclamó Florencia.
-Si, vete, cerda…- se burló.
-La que se tiene que ir eres tú, Emily- John se alejó de Florencia, y al instante sintió la falta de ella.- No puedes entrar a mi habitación de hotel así como…
-¿Así como si fuera tu amante?- Ronroneó pegando su cuerpo al torso desnudo del hombre. Con sus uñas largas y rojas, hizo círculos en su pectoral tonificado. El perfume dulce e intenso, además de carísimo, inundó toda la habitación- Sabes que podemos serlo… Solo tienes que sacar a esa ballena de la cama.
John la alejó. Antes se habría burlado de Florencia junto a ella con tal de tenerla en su cama. Pero ahora, por alguna razón, su maldad le desagradó. Era cierto, Emily era una mujer despampanante de esas que rompian corazones a cada paso que daba. Pero no podía acostarse con ella, era la hija de uno de los inversionistas y él era conocido por no repetir mujer por más de una noche. Sabía que las intenciones de la rubia eran apresarlo en un compromiso millonario. Tentador… pero él era un hombre libre. -¿Tu padre sabe que estás aquí?- El silencio le dijo que no- Vete Emily, eres una mujer con clase, no te humilles así. Esto podría perjudicarte.
Emily estaba conmovida, su hombre se preocupaba por su integridad. Miró por sobre el hombro de John a la mujer que aún estaba encallada en la cama. Sus ojos estaban hechos una furia. ¿Quién se creía esa sirvienta? De seguro se abrió de piernas como una perra barata. No podía culpar a John, después de todo era hombre y de seguro no pudo resistir a sus instintos. Realmente tuvo que estar ciego para no darse cuenta de lo horrenda que era esa mujer. Le envió una sonrisa burlona, antes de besar el cuello del hombre y dejarle la marca de su labial rubí.
-Nos vemos pronto Johnny- Dijo y se fue sacudiendo sus caderas.
El millonario suspiró aliviado y se volteó hacia Florencia, que estaba colocándose el pantalón torpremente. Como si realmente hubiesen tenido sexo.
El silencio fue insoportable. Aún sentía el picar en sus labios por el suave y esponjoso beso que esa mujer le había dado.
John corraspeó antes de hablar- Entonces, ¿Te deposito el dinero?.
Florencia asintió en silencio, tratando de esconder su cuerpo lo antes posible. Ese hombre la había usado. Todo eso había sido para humillarla, estaba segura. Era obvio que una mujer como ella era su pareja. Quiso decirle que se metiera su dinero en donde no le daba el sol, pero realmente lo necesitaba.
Conteniendo su furia y su vergüenza por haberlo besado tan impulsivamente, comenzó a recoger su cabello. Así, volvió al lugar donde pertenecía. El de pobre, el de empleada, el de mujer no deseada. En silencio, pasó por al lado de John que la observaba fijamente. Tomó su quit de limpieza y comenzó a limpiar de inmediato. Como si fuera un robot automatizado. Aunque un poco lo era.
-Escucha, yo…-
-Mi cuenta bancaria es Florencia.Perez- sentenció mientras pulía la mesa de vidrio del centro.- Enviámelo cuanto antes.
John tomó su teléfono para enviarle el dinero y se topó con un nuevo mensaje de la rubia “No voy a parar hasta que seas mío, Johnny ;)” Suspiró pesadamente e ingoró el mensaje. Esa mujer no entendía un no como respuesta. Sabía que hablaba en serio cuando decía que no iba a parar.
Necesitaba que el proyecto de los conglomerados iniciara cuanto antes, ganar el maldito dinero y volver a su país.
Observó a Florencia desde su lugar, como la robusta mujer limpiaba todo con cuidado, dejando cada superficie brillante y con un aroma fresco. Era como si fueran completos desconocidos, como si recién no la hubiese besado, como si no le hubiera sacudido algo dentro suyo.
El teléfono siguió sonando. Emily no paró de enviarle mensaje tras mensaje. “Mierda, necesito sacármela de encima”. Miró una vez más a la azabache. Si, ella iba a ser su escapatoria.
Florencia no supo cuánto tiempo estuvo puliendo la mesa de vidrio. Su mente estaba en otro lado. La mezcla de emociones que tenía dentro suyo le daba ganas de vomitar. Por un lado su corazón latía con fuerza al recordar el cuerpo cálido de John contra el suyo y el beso que le robó, y por otro sintió su estómago cerrarse al pensar en el rostro burlón de aquella mujer.
De repente, un gran fajo de billetes apareció frente a sus ojos.
-Son más de 25 mil dólares… son 50 mil.-
Florencia tragó saliva pesadamente al ver tanto dinero junto- Solo necesito 25…- Dijo entumecida.
-Puedes tener el doble si finges ser mi novia.
“¿Qué?” ¿En qué momento se había desvirtuado todo? ¿Quería que fuera su chica? Literalmente podía pedirle a cualquier otra mujer, mucho más hermosa que ella, y de seguro lo haría gratis. ¿Por qué a ella?.
-¿Te burlas de mí?- Dijo con un nudo en la garganta.
John quedó mudo.
-Viste cómo me trató esa mujer… tiene razón. Soy esto- dijo extendiendo sus brazos- Y quiero seguir así de invisible.- Con las manos temblorosas tomó la mitad del dinero y sus productos de limpieza.
-¿No quieres pensarlo?- Murmuró sorprendido. ¿Estaba loca? Nadie en su posición rechazaba una oferta tan tentadora.
-No, Jamás saldría con alguien como tu, ni en broma
La puerta cerrándose con fuerza lo sacó de su desconcierto. Florencia se había ido, dejándolo solo con sus 25 mil dólares restantes. En sus 32 años de vida, jamás lo habían rechazado, y menos una mujer como ella.
