Capítulo 6 Hazme olvidar a esa mujer
-No, Jamás saldría con alguien como tu, ni en broma- Cerró la puerta de la habitación con fuerza detrás de sí. Quería gritar hasta desgarrar su garganta.
¿Cómo había sido tan estúpida como para besarlo? Se había perdido en sus profundos ojos como el océano. Por un instante, había fingido que todo era verdad, que realmente la deseaba, que realmente era su mujer.
-Qué estúpida…- Murmuró.
-Si, eso no lo dudo-
Florencia sintió su corazón saltar al escuchar la voz de Emily. Se giró lentamente, la mujer estaba apoyada contra la pared contraria, disfrutando de su desgracia.
Tenía que recordar que esa mujer era una huésped y debía evitar un escándalo en pleno pasillo si quería mantener su empleo a largo plazo. -Disculpe- murmuró manteniendo la mirada en el suelo. Intentó escapar, pero las uñas filosas de esa mujer se hundieron en su brazo dolorosamente, frenándola de golpe.
-No esperes que él vuelva a llamarte- Gruñó contra su oído como una serpiente venenosa.- Ya tuviste tus siete minutos en el paraíso.
Florencia supo que podía empujarla con facilidad. El frágil y esquelético cuerpo de esa mujer era pan comido para ella. Pero no se trataba de fuerza física, sino de poder. Y esa mujer sí que lo tenía. Con un chasquido de sus dedos podría arruinar su vida.
-Tuviste suerte de que siquiera te pusiera las manos encima- Dijo con desprecio- Maldita mosquita muerta…
-S-Suélteme por favor-
-Podría arruinar tu vida si quisiera.- Dijo ignorandola- Pero ya veo que es bastante miserable- Se burló, mirándola de arriba hacia abajo- No quisiera ser tu.
Florencia estuvo a punto de hacer una locura, de no ser porque su jefa apareció en el momento justo.
-¿Todo está en orden?-
Emily la soltó de inmediato, pero las marcas de sus cinco dedos quedaron sobre su piel y mañana se convertirían en unas horribles manchas violáceas. De inmediato, el rostro de la mujer se tranformó en una falsa sonrisa que le revolvió el estómago- Todo más que bien, solo le estaba halagando lo bien que dejó mi habitación.
Su jefa la miró en búsqueda de una respuesta.
-No es nada, es mi trabajo- Dijo tratando de mantener la calma.
-Oh, pero eres la mejor fregando la suciedad de otros- Emily sacó de su cartera varios billetes y los colocó en el escote de su uniforme- Ten, por tus servicios…
-Gracias….- Murmuró con los insultos que deseaba decir atorados en su garganta.
Antes de que su jefa pudiera interrogarla, tomó sus cosas y desapareció por el pasillo con su alma y dignidad por los suelos.
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-No te veo muy animado esta noche- Murmuró uno de sus colegas.
Era cierto. Había estado distraído todo el día. Estuvo en reunión tras reunión. Con los ingenieros, arquitectos y abogados. Pero apenas había prestado atención. Su mente estaba en otro lado.
-¿Te está volviendo loco el proyecto eh?
-Si…- Mintió y le dio un profundo sorbo a su bebida para calmar, aunque sea un poco, sus pensamientos.
-Olvidate de eso. ¡Esta noche estamos festejando!- El hombre le hizo señas a su asistente que abrió la puerta del vip. Un grupo de mujeres hermosas, rubias, morochas, coloradas, todas despampanantes, se acercaron a los hombres, rodeándolos con sus cuerpos exuberantes. Sin embargo, John no sintió nada con el toque de esas modelos. -Aquí las mujeres son hermosas. -Pero John no parecía entusiasmado-¡Vamos amigo, diviértete! Yo pago esta noche.-
-¿No tienes alguna con más curvas?- Murmuró por lo bajo.
-¿Qué?-
-Que si no tienes una mujer con más curvas…-
Su colega se rió a cargacadas- ¡Oh Johnny! ¿Te gustan las tetas y los culos grandes?
John negó- No… me refierfiero a eso…- Dijo incómodo.
Su amigo lo miró con una ceja enarcada.
-Alguien más… grande-
El hombre quiso burlarse. ¿Se refería a una gorda? Pero la mirada sombría del millonario le dijo que hablaba en serio- No amigo, todas las chicas aquí son hermosas, vamos… elije una.
Antes de que pudiera negarse. Una pelirroja se acercó peligrosamente- Hola cariño ¿No quieres divertirte un rato?- Ronroneó sentándose sobre su regazo.
John apretó los muslos de la mujer, firmes y entrenados, pero no sintió nada. Estaba desesperado, necesitaba olvidar a esa mujer. Necesitaba volver a ser quien era. Él no rogaba por las mujeres, ellas rogaban por su atención. Él jamás se enamoraba, ellas eran las que terminaban con el corazón roto. ¿Entonces por qué no podía sacarse la imagen del cuerpo de Florencia debajo del suyo? Del sabor a fresa barata de sus labios esponjosos, la sensación de su cuerpo suave, de su mirada intensa.
El rostro de Florencia, mirándolo con desprecio, apareció nítido en su mente.
-Vamos nena, hazme olvidar- Le ordenó a la modelo.
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Finalmente había terminado el peor día de su vida. Esperaba no volver a cruzarse a ese hombre y a esa mujer nunca más. Y se aseguró de ello. Le pidió a su gerente que la trasladara al sector de habitaciones más económicas. La paga no era tan buena como tener asignado el sector más exclusivo, pero así podría estar más tranquila. La gente con dinero solo le traía desgracia tras desgracia.
Era entrada la noche cuando entró sigilosamente a su casa. No quería despertar a sus padres. Sin embargo, se sorprendió al encontrar a su madre en la sala, con una mirada angustiada y el rostro hinchado de tanto llorar.
-¿Mamá?
-Hola cariño- Dijo tratando de ocultar un papel que tenía entre sus manos- ¿Cómo te fue hoy?
-Mamá ¿Qué pasó? ¿Por qué estás así?-
-No es nada, ve a descansar hija.
-¿Es por la deuda del hospital?- No podía decirle a su madre que tenía todo el dinero de la deuda. ¿Cómo iba a explicarle de dónde lo había sacado?- No tienes que preocuparte más. Yo me encargo de eso.
Pero el rostro de su madre no cambió- No es eso…- con la mano temblorosa, arrastró el papel hacia su hija.
-¿Qué es esto?-
Era un folleto colorido que contenía la imagen de unos lujosos conglomerados. -No entiendo, ¿qué pasa con esto?
-Lo van a construir en nuestras tierras- Sollozó.
-¿Qué? No… no pueden ¡No pueden simplemente venir y hacerlo!
-Parece que sí hija, muchos vecinos ya firmaron. Le dieron una suma de dinero a cambio de entregar su parte.
-Tú…. ¿Tu lo hiciste?- Florencia tuvo miedo. Había crecido en esa casa, en ese barrio, toda su vida y la de sus padres y su hermanito estaba allí.
-No… no lo hice, varios vecinos tampoco lo hicieron. Pero tenemos miedo Flor, si la mayoria firma ¿Que vamos a hacer?
Estaba furiosa. ¿Creían que simplemente podían venir y destruir su hogar? Malditos millonarios- No te preocupes mamá, no nos vamos a ir de aquí. Es nuestro hogar.
Florencia abrazó con fuerza a su madre y la consoló. No tenía idea de cómo iba a evitar eso, pero ya estaba harta de la gente como ellos, que creían que podían conseguir todo lo que quisieran tan solo con dinero. La imagen de John apareció en su mente, él y su maldita sonrisa brillante.
¿Debería pedirle ayudal? Quizás si aceptaba ser su novia falsa podría pedirle eso a cambio.
“No, no puedo rebajarme tanto”
-Descansa mamá- Dijo besando su frente- No te preocupes, nadie nos va a sacar de aquí-
Florencia entró a su cuarto y se quitó su uniforme. El espejo le reveló su cuerpo, aquel que tanto odiaba. Recorrió con su mirada acuosa cada curva, cada pliegue y recordó la mirada de John. ¿Acaso había visto mal? Parecía que la miraba como si estuviera fascinado.
-No, seguro estaba actuando para que se viera más creíble- Se dijo en voz alta-
Pero aún así, no podía quitarse la sensación de sus manos grandes y cálidas aferrándose a su cuerpo, como si estuvieran destinados a estar juntos, como si sus cuerpos fueran una sola pieza que encajara a la perfección.
Pero él era un adonis. Un hombre perfecto por el que cualquier mujer suspiraba. ¿Cómo podría ser ella la elegida?
—
John regresó al hotel casi al amanecer, pero no se sintió renovado. Las mujeres con las que había estado esa noche no le quitaron la sensación del cuerpo de Florencia debajo del suyo. Entrar al cuarto y sentirlo demasiado grande para él solo lo empeoró. Las sábanas aún estaban revueltas, como si realmente hubiesen hecho el amor. Se acostó contra la almohada. Aun podía sentir el aroma a shampoo barato. Su cuerpo reaccionó al instante, como si hubiera tomado un afrodisíaco.
Frustrado, marcó el número de la recepción- Necesito servicio de limpieza-
Esperó la llegada de la mujer con un nerviosismo que jamás había sentido ni antes de firmar un acuerdo millonario, y cuando la puerta se abrió lentamente, su corazón latió con fuerza. Se llevó la decepción de su vida al cruzar miradas con una mujer mayor y no con Florencia.
-Buenos días señor ¿Pidió servicio a la habitación?
-¿Dónde está Florencia?- Dijo sin más.
-Ella pidió el pase de sector señor, pero no se preocupe, no va a notar la diferencia.-
John sintió que le hervía la sangre. ¿Tan desagradable era? Las palabras de la azabache se repitieron cruelmente en su mente.
“Jamás saldría con alguien como tu, ni en broma”
-¿Comienzo señor?-
-No, déjeme solo-
Florencia estaba equivocada si creía que iba a aceptar un no como respuesta.
