Capítulo 8 No te vas a escapar
Una decena de ojos la observaban con curiosidad. Florencia caminó tambaleándose hacia una de las mesas vacías del comedor del personal del hotel. Apenas se sentó, sintió que todo se le venía encima.
¿Qué acababa de suceder? ¿Realmente John Connor la había besado? El ardor en sus labios le decía que sí. El olor a su exquisito perfume importado le confirmaba que había estado más cerca de lo que alguna vez pudo imaginar.
-Florci…-
La joven levantó su vista aturdida. Sus compañeras de trabajo la habían rodeado.
-¿Ese hombre apuesto era el señor Connor?-
-Por Dios, es mucho más guapo en persona-
-¿Cómo hiciste para terminar en el mismo ascensor que él? ¡Quien pudiera tener esa suerte!
-Si yo hubiese tenida esa oportunidad no me hubiera contenido…-
-Florci… ¿Era él verdad?- Todas la observaron en silencio, esperando su respuesta.
Florencia tragó saliva pesadamente. Un paso en falso, un error y esas mujeres correrían un rumor que podría dejarla en la calle- Si…- No mintió. Bueno, a medias- Se equivocó y entró al ascensor de los empleados… solo lo estaba guiando de regreso-
-Ay Florci, no seas modesta… Puedes contarnos todo, si somos amigas.
-No hay nada que contar- Se movió incómoda en la molesta banqueta. Siempre la había sentido incómoda para su cuerpo, pero ahora se sentía peor- Solo estaba haciendo mi trabajo.
-¿Entonces qué son estas?-
Le arrancaron el ramo de flores de su mano. Había olvidado completamente que aún los sostenía con fuerza. Comenzó a balbucear. ¿Qué iba a decir? “No, no me las dió el señor Connor, me las obsequió el señor Smith” Eso sería peor, ya se imaginaba los rumores en los pasillos del hotel.
“Florencia se acuesta con dos multimillonarios” “Florencia es una necesitada” “Florencia se acuesta por dinero”
Se levantó de golpe. Ni siquiera se preocupó por recuperar sus flores.
-¿A dónde vas?-
-A trabajar. No tengo hambre…- Murmuró.
-Me parece una buena idea… no te haría mal cerrar un poco la boca…- Murmuró una a sus espaldas.
Florencia se congeló en su lugar. Su cuerpo tembló de ira cuando escuchó las risitas cómplices de las demás. Estaba cansada de que todo se tratase de su peso. ¡Era más que un cuerpo! era la mejor empleada del hotel, la única que llegaba a horario y hacía horas extras, la única que realmente trataba bien a los empleados y a sus compañeros, y aún así, todos la trataban como basura.
Se giró sobre sus talones, con el rostro rojo de la ira. -¿Y tú María? Deberías comer más, ya pareces raquítica… Eres un maldito palo vestido.
La mujer cerró la boca de golpe. Las risas enmudecieron. -Al menos puedo ver mis pies cuando miro hacia abajo…- se defendió la mujer.
Florencia rió divertida. - Eso es cierto… ¿Pero sabes qué? Seré gorda… una cerda… o no sé qué tantas otras cosas dicen a mis espaldas- Las demás mujeres esquivaron sus miradas, sabiendo que se refería también a ellas- Pero así con este cuerpo, tengo a más hombres detrás de los que tú podrías imaginar en tu miserable vida…
Las chicas enmudecieron y María quedó roja por la vergüenza. Florencia dio media vuelta saliendo del comedor con la frente en alto. Pero apenas cerró la puerta detrás de ella, sus piernas flaquearon.
“Mierda mierda… ¿Qué dije?” El pánico la invadió. -Estúpida, solo tenías que mantener la boca cerrada.
-Florencia ¿Está todo bien?-
La voz de su gerenta la asustó- Si- Dijo tratando de recomponerse- Y-Ya terminé las habitaciones asignadas. Estaba por ir al lavadero a seguir con la ropa blanca…
La mujer la observó de arriba hacia abajo- ¿Te saltaste el almuerzo?-
Florencia asintió apenas.
-Bien… eso es bueno- sentenció continuando con sus tareas.
¿Eso es bueno? Florencia estaba haciendo una fuerza sobrehumana para no volver a explotar en medio del pasillo. En cambio, juntó todas sus fuerzas y se alejó. Apenas llegó al sótano donde estaban las lavadoras, se escondió detrás de una pila de sábanas sucias. Juntó las rodillas contra su pecho y las abrazó con fuerza.
John Connor la besó. John Connor la tomó con posesividad. “No pienso dejarte escapar” Su voz grave y rasposa invadió cada rincón de su cuerpo. Su piel se erizó, su cuerpo tembló y el calor subió hasta su rostro. Cerró los ojos con fuerza, y lo imaginó contra ella, besándola salvajemente, tocándola descaradamente, proclamándola como suya.
-John…- Su voz se perdió entre el incesante ruido de los lavarropas.
¿Realmente ese hombre estaba dispuesto a todo por ella? ¿Podía confiar en él?
—-
Las puertas del ascensor se cerraron frente al rostro de John. De repente, se sintió incompleto, como si la puerta hubiese cortado el hilo que lo unía a Florencia.
¿Qué acababa de pasar? Desde el momento en que vio a Smith con sus manos sobre la joven perdió la cordura como nunca antes en su vida. Pensar en ese tipo aprovechándose de ella lo volvía loco.
Pero luego, esos labios esponjosos y suaves le habían traído calma, paz. Jamás se había sentido tan tranquilo como mientras besaba a esa mujer. Como si ella fuera su lugar seguro.
“Aquí me bajo. Que tenga una buena estadia señor Connor” La voz de Florencia retumbó en su cabeza. Una vez más lo había rechazado.
-Florencia…- Murmuró apoyándose contra el espejo que había sido testigo de su locura.
No podía dejarla ir… No luego de lo que había causado en él.
La puerta del ascensor se abrió de golpe, y bajó aún sintiéndose en una nube esponjosa. Pero el denso y oscuro aura de Smith lo arrancó de su trance.
-Connor…- Su voz sonó oscura, de ultratumba.
John ya tenía suficiente de este tipo por ese día- Eres como un grano en el culo ¿Sabias?-
El viejo rió con fuerza- ¡Wau Connor! Es la primera vez que te escucho hablar con tanta honestidad, me gusta… Si fueras así siempre, más relajado, hasta no dudaría en hacerte mi socio.
-No gracias… no estoy interesado en formar parte de tus sucios negocios- John pasó por al lado del tipo, pero este habló una vez más.
-¿Y por Florencia?
John se congeló en su lugar. Le daba asco escuchar su nombre de los labios sucios de ese tipo- Ella no es un negocio… es una persona- Sentenció.
-¿Una persona que te interesa?
John guardó silencio por un segundo antes de contestar- Es una empleada, y la estabas incomodando… Simplemente la salvé de tus oscuras perversiones-
No podía decir toda la verdad. No podía decirle a ese tipo que estaba comenzando a sentir cosas confusas por esa mujer. Era mejor fingir desinterés, que sus acciones habían sido porque era un caballero y nada más.
Smith rió con fuerza- ¿Y desde cuándo te importa lo que le pase a un empleado?- Se burló- No son nada… trabajan para nosotros, les pagamos sus sueldos y le damos propinas generosas. Mínimo espero que me lustren las botas con sus lenguas.
John cerró los puños con fuerza alrededor de la camisa del tipo- No es una cosa… no es una sirvienta… es una persona…
Smith ni se inmutó por su arrebato. En cambio, sonrió divertido- Veo que te importa más de lo que crees…
John lo soltó con fuerza. Smith se acomodó el traje con completa tranquilidad- Que tengas una divertida estadía Connor… nos volveremos a ver….
Lo dejó ir. Era eso o matarlo en medio del pasillo, pero no quería causarle problemas ni al hotel ni a los empleados que tendrían que limpiar la sangre de la alfombra. En cambio, esperó unos minutos para recomponer su aspecto y se dirigió a la recepción. Una muchacha sonriente lo recibió- Buenos días señor Connor ¿En qué puedo ayudarle?
-Quiero cambiar de habitación- Sentenció manteniendo el tono neutro y profesional que lo caracterizaba.
-¿Hubo algún problema con el cuarto?-
-Ninguno…
-Las suites son las mejores del hotel… No creo tener una que…
-Quiero una habitación estándar- La interrumpió.
La mujer parpadeó incrédula antes de responder- Lo siento señor Connor, pero no creo entender lo que…
-Es lo que escuchó… Quiero una de las habitaciones estándar del primer piso. No me importan las comodidades, simplemente deme una de esas.
La recepcionista estaba desconcertada. Nunca en sus años trabajando allí una persona adinerada había solicitado una de las habitaciones comunes. Apenas tenian una cama doble, un pequeño baño sin jacuzzi, una televisión tamaño normal y la vista era bastante mala. Comparado con las suites del último piso, eran apenas del tamaño del armario de ropa de estos. Pero el señor Connor parecía no estar bromeando. -H-Hay una libre al final del pasillo…-
-Perfecto, deme esa.
La mujer tecleó en su computadora y luego le entregó la llave de la habitación, temiendo perder el trabajo por eso, pero también temiendo perderlo por no cumplir los caprichos extraños del hombre. -Aquí tiene señor Connor.
-Gracias… ¿A qué hora hacen la limpieza de la habitación?-
-A partir de las 10, señor Connor…-
-Excelente, quiero la limpieza a esa hora entonces- Dijo con una sonrisa dibujada en su rostro.
“Esta vez no te me vas a escapar Florencia”
