Capítulo 30 Treinta

—Levántate de la puta cama, Lucía —agarre las sábanas y las apreté más contra mi pecho —si no sales por ti misma te arrastraré hasta el patio ¡Y no usaré teletransportación! Su voz era un trueno que no admitía réplicas, cargada de una urgencia que me obligó a parpadear para disipar la bruma del sueñ...

Inicia sesión y continúa leyendo