Capítulo 7 Seis
Un mes después
Me encontraba sentada en la sala con un nuevo cuaderno de dibujo, la noche había caído y yo debía ir a dormir, pero algo me lo impedía. La bombilla que iluminaba la sala se apagó haciendo que yo diera un pequeño respingo en mi lugar. No estaba a oscuras pues entraba suficiente luz por el ventanal, pero igual una sensación extraña me recorrió todo el cuerpo.
Me puse de pie para ver si se había quemado la bombilla o si había sido un apagón general, pero entonces vi como el piso del departamento se iba llenando de humo, un humo denso y espeso que se deslizaba por todo el suelo, quería entrar en pánico pero no tenía control de mi cuerpo, él se manejaba solo, con autonomía propia y yo solo estaba como una espectadora más, siguiendo las pautas que alguien había escrito para mí, sin poder hacer nada al respecto. Miré hacia todos lados en busca de algo que me dijera de donde provenía el humo, pero no había forma de identificar de dónde provenía. Todo era tan extraño y me pregunté si estaba en la realidad o solo soñando.
Mi cuerpo por sí mismo se dio la vuelta lentamente. Cuando dio la vuelta de ciento ochenta grados quedé frente a frente con el rostro de él. Le sonreí sin poder evitarlo y él hizo lo mismo. Su mano se elevó hasta mi rostro y acarició mi mejilla con delicadeza, después fue acercando su rostro al mío hasta quedar lo suficientemente cerca como para que nuestros labios se rozaran. Respirábamos el mismo aire y yo en silencio rogaba porque me besara, pero mi plegaria no fue escuchada, pues él se alejó de mí con una sonrisa burlona dejando el recuerdo de su mano sobre mi rostro con una sensación de hormigueo.
—Recuerda, mi princesa —después todo fue desapareciendo poco a poco y al final...
Entonces desperté, con la sensación de sus dedos sobre mi rostro y esa sensación de que algo debía recordar.
Parpadeé deprisa para que mis ojos lograran acostumbrarse a la luz que entraba por el ventanal. Observé a mi alrededor y al ver donde estaba había concluido que me había quedado dormida en el sofá, vi la hora y apenas eran las tres de la tarde.
—De seguro me quedé dormida después de haber comido —dije para mi misma.
Anoche no había dormido del todo bien dibujando el rostro de mi chico misterioso. Intenté cientos de veces pintar perfectamente sus ojos pero nunca lo lograba, pues nunca había tenido la oportunidad de ver sus ojos de cerca hasta ahora. Había soñado con él una vez más y por suerte él se había acercado. Él siempre decía la palabra recuerda, pero hasta ahora no sabía el porqué de ello. En mis sueños cuando él estaba presente no podía moverme a mi antojo, tampoco podía hablar y eso me frustraba, porque mis intenciones hacia él era acercarme, sentir su rostro, tocarlo, ver si podía al fin rozar sus labios con los míos, pero siempre desaparecía antes de que pudiera encontrar una forma de recuperar la autonomía de mi propio cuerpo.
Con paso animado caminé hasta mi habitación, la había reorganizado y para mí se sentía más cómoda, perfecta. La cama la había pegado de la pared más cercana, el escritorio lo había colocado a un lado del enorme closet que estaba empotrado en la pared, las dos mesitas de noche las había colocado una al lado de la otra junto a la cama. Así el centro de mi habitación había quedado libre y era ahí donde tenía mi caballete con un lienzo totalmente blanco e impoluto.
Tomé las pinturas verde y gris que había comprado hacía unas semanas y las coloqué en el piso al lado de unas cuantas hojas. Tomé el lápiz y comencé a trazar el rostro de mi chico imaginario. Cuando terminé empecé a colorear su iris. Imaginaba sus ojos una y otra vez en mi cabeza hasta que terminé de hacer el dibujo. Me había quedado perfecto y era el único en su clase. En todo un mes había tratado de hacerlo perfecto, pero solo hoy pude hacerlo. Unas cuantas lágrimas salieron de mis ojos y sonreí orgullosa. Al fin había podido hacer una réplica exacta del rostro que me atormentaba por las noches. Era igual a cómo lo había visto en mi último sueño, sus ojos, la expresión impoluta en su rostro, sus rasgos tan perfectos y refinados y más lágrimas salieron de mis ojos, porque ahora podía recordarlo y verlo a plena luz del día sin miedo a que olvidara algún detalle de su rostro.
Fui al baño y lavé mis manos para luego volver a mi habitación y lanzarme a la cama, estaba cansada debido a los extraños sueños que tenía con ese chico.
Siempre decía estar cansada de verlo en sueños, pero la verdad es que antes de dormir, en silencio, le rogaba al cielo volver a verlo.
(...)
—Charlotte —una voz lejana me llamaba, pero no quería abrir los ojos, estaba muy cómoda durmiendo —¡Charlotte! —ese último grito me hizo abrir mis ojos deprisa y levantarme de mi cama y mirar hacia todos lados. No había nadie en mi habitación, por lo que supuse que los gritos provenían de la puerta principal.
Corrí hacia allá y en el camino choque con algunas cosas. Abrí la puerta principal y me encontré con una muy arreglada Mikaeli.
—¿Qué haces aún en pijamas? —su rostro estaba fruncido —¡lo olvidaste! —chilló.
—¿Olvidé qué? —pregunté confundida.
—Hoy son las inscripciones para la universidad, estúpida, y considerando que aun no estas vestida —hizo una pausa —¡Vamos tarde! —gritó y yo tuve que tapar mi oído.
Siendo honesta me encantaba Mikaeli, pero cuando se ponía a gritar acabando de despertar eran parte de las pocas cosas que me irritaba de ella, aunque solo fuera por unos breves momentos.
Corrí hacia mi habitación y luego me adentré en el baño para darme una ducha rápida, luego de eso cepillé mis dientes y salí hacia mi habitacion para ver que ropa me ponía pero ya Mika la había elegido, era un pantalón negro con rotos en las rodillas y un top de mangas largas que suponía dejaba ver mi estomago, pues se veía corto. Me puse toda la ropa con prisa después de haberme puesto la ropa interior.
Si, me desnudé frente a Mikaeli y es que nosotras habíamos forjado una amistad tan grande durante este mes. Ella en muchas ocasiones venía a dormir a mi casa y hacíamos pijamadas, muchas veces se pasaba el día completo aquí y qué decir de su hermano, su hermano seguía igual de atento que siempre y lo mejor de todo es que me había pasado la clave de su Wi-Fi y tenía internet gratis. Era increíble tener a alguien después de haber salido del hospital. Había estado asustada, más bien aterrada de tener que comenzar una vida de cero, sin recuerdos, sin memorias, pero ellos lo habían hecho más fácil de digerir y era algo por lo que estaría eternamente agradecida.
—¿En qué momento compramos ropa igual? —le pregunté después de haber visto su vestimenta.
—Es la ropa que te regalé cuando cumplimos un mes de mejores amigas, yo compré una igual y aquí está —se señaló a ella misma mostrando su outfit completo.
—Bien —dije mientras me ponía mis converses.
Mika se acercó a mí y empezó a maquillarme mientras yo me peinaba tratando de no moverme mucho y que ella lograra hacer su trabajo bien. Algo que cabe destacar es que yo me había quitado el color teñido de mi cabello volviéndolo a la normalidad: rubio. Y a decir verdad me encantaba. Me hacía sentir más cercana a quien era y de esa forma no me sentía tan extraña cuando me miraba al espejo, aunque los ojos seguían incordiando, seguía sin sentirlos míos.
—Ya terminamos, ponte perfume y larguémonos, tus papeles y los míos los tiene Malkon junto con los resultados del examen de hace una semana —así lo hice y salí siguiéndole los pasos a Mika.
Salimos de mi departamento y yo cerré con llave, luego caminamos hasta el ascensor y esperamos a que este llegara. Cuando las puertas se abrieron un hermoso chico de ojos ámbar y cabello rubio sonrió hacia Mika. Nosotras entramos antes de que las puertas se cerraran.
—Mikaeli —saludo el chico a mi amiga mientras le daba un beso en la mejilla.
—Snaiderx —le respondió Mika con una sonrisa bobalicona.
Parecía gustarle, pero era difícil saberlo, aunque la sonrisa bobalicona en sus labios podría ser un indicio honestamente parecía involuntaria.
—Tú debes ser Charlotte —esta vez se dirigió a mí y yo asentí.
—Mucho gusto —le sonreí.
—Para mi es un placer conocerte. Al final, Mikaeli me ha hablado mucho de ti, es como si ya te conociera — yo sonreí otra vez.
—¿Ah sí? Lamento no poder decir lo mismo —miré a mi amiga de forma acusadora. Ella solo se encogió de hombros, restándole importancia
—¿A dónde van? —preguntó curioso el rubio.
—A inscribirnos a la universidad —contestó Mika mientras lo miraba directamente a los ojos.
—Yo también, de hecho, podemos irnos juntos, yo los sigo.
Yo suspiré, solo esperaba que no comenzaran a coquetear frente a mí, eso sería muy traumante.
Habíamos hecho todo el proceso en cuanto llegamos a la universidad, cada uno había ido a su departamento correspondiente y ahora estábamos afuera de los edificios.
—¿Saben que nuestras carreras son parecidas? —dijo el rubio.
Todos negamos.
—Bellas artes —me señaló a mí y luego a Mikaeli —Animación y arte digital —señalo a Malkon —diseño gráfico —se señaló a sí mismo.
—Bueno, al menos compartiremos materias —dijo Mika.
—La que se que no compartiremos son las materias extracurriculares, yo elegí música ¿y ustedes? —le pregunté a los demás.
—Teatro —dijo Mika.
—Deporte —dijeron Malkon y Snaiderx al unísono. Se miraron y luego chocaron los puños.
—¿Por qué no pudiste elegir teatro? —bufó Mikaeli molesta por no tener ninguna materia conmigo.
—He de admitir que seleccioné dos materias extracurriculares —todos miramos a Snaiderx en la espera de que dijera cuál era la materia —escogí teatro —llevó una mano a su cuello, cosa que catalogué como un tic nervioso.
—Genial, estaremos juntos —Mika dio saltitos.
Ella y yo tendríamos una seria conversación cuando llegáramos. Había algo raro y ella había obviado comentarme al respecto.
—Vamos a comer fuera —propuso Saniderx.
—No puedo —dije —dejé a mi gata en el departamento y debo sacarla todas las mañanas para que haga sus cosas —ellos se sintieron entendiendo.
—¿No te molesta si voy con ellos? —preguntaron, yo negué —no, mejor aun, te dejaremos en el edificio e iremos a comprar comida, luego volvemos y comemos todos juntos en tu casa —asentí sonriendo.
—No tengo problema con eso.
Por eso la amaba, ella siempre encontraba la forma de incluirme aunque yo siempre estuviera renuente a las salidas a la calle.
Subí al auto de Malkon en la parte de atrás y Mika se subió de copiloto. En el transcurso reímos y hablamos mucho. acerca de la universidad, de las clases que estaríamos llevando y cómo esperábamos que nos fuera. Cuando llegamos frente al edificio me bajé del auto dejándoles ir y caminé hacia la entrada.
Saludé al anciano que siempre estaba ahí y luego me paré frente al elevador a esperarlo, cuando este abrió sus puertas y yo miré hacia el interior mi corazón se paró por completo. El chico de mis sueños estaba frente a mí. Dejé de respirar y clavé mis orbes grises en los suyos verde grisáceo. Estaba pasmada y mi cuerpo no quería responderme, las puertas del ascensor se iban a cerrar y él las detuvo con su mano para luego indicarme con su cabeza que entrara. Su rostro se mantuvo serio mientras lo hacía. Pero ¿cómo iba a entrar si me había olvidado hasta de respirar? ¿Cómo iba a hacerlo si me había olvidado incluso de mi propio nombre?
