Capítulo 3 3
Desde ese día las cosas cambiaron, cada día ella lo esperaba a la entrada de la universidad y él llegaba mostrando su mejor sonrisa, Macarena sentía que estaba en un cuento de hadas, donde ella se convertía en la envidia de todas las mujeres, por haber atrapado al más bello príncipe, sin saber que Stefano estaba ganando una apuesta, ese fue el motivo por el que nunca corrigió el error del rector, quien aquel día lo llamo por el apellido de su cuñado Neri Neizan, ya que fue el conocido mafioso quien se encargó de todo en la universidad, para que su joven cuñado Stefano Zabet, no tuviera nada de qué preocuparse.
Pocas veces Stefano se prestaba a esos juegos, más bien nunca lo había hecho, pero quería adaptarse a sus nuevos compañeros, y es que desde que nació el joven Zabet nunca estuvo solo, no era solo por tener una gran familia, sino, porque era uno de los quintillizos Zabet o como todos los llamaban, los niños dorados, ir a la universidad en Rusia, era perseguir sus sueños, pero también alejarse de esas cuatro mitades con las que compartía todo, ahora estaba a la deriva, prestándose a un juego o mejor dicho una apuesta que si sus padres supieran, estaba seguro lo desheredarían, además de que su hermana mayor Zafiro, esposa de Neizan, lo golpearía hasta el cansancio, estaba seguro de ello. No pensaba molestar a la latina más de la cuenta, solo sería un coqueteo inofensivo, pero rápidamente se dio cuenta que Macarena era una joven muy dulce y divertida, el tiempo que pasaba con ella paso de ser minutos a horas, y aun así, sentía que no era suficiente, sus manos siempre buscaban una razón para tocar a la pequeña latina, tomaba su mano, la abrazaba, y así como aquel día dejaba suaves roses de labios sobre la joven, que con el tiempo se incrementó, a besos más largos y mucho más apasionados.
— Quiero que seas mi novia. — dijo Stefano de forma agitada cuando libero los carnosos labios de Macarena, estaban en su cafetería preferida como cada tarde.
— ¿Es una pregunta o una orden? — respondió mientras reía, Stefano siempre se mostró como una persona autoritaria, posesiva y demandante, era como algo propio de él.
— Ambas, aunque sé que mueres de amor por mi morena, no trates de negarlo.
Maca, como le decían sus padres, lo hizo sufrir un poco, ella no era alguien sumisa y si bien las cosas que sentía por aquel joven eran fuerte y auténticas, no le gustaba recibir órdenes de nadie, pero al fin acepto, grande fue su sorpresa cuando al llegar a la universidad al día siguiente no lo encontró, creyó que estaba enfermo, por lo que lo llamo, pero no hubo respuesta alguna, así fue por semanas, poco a poco todo volvía a lo que fue en un principio, la acosaban y molestaban, ya su protector no estaba, había desaparecido.
— ¿Te abandonaron latina?
— Déjame tranquila Damián o le diré a Stefano. — trato de amenazarlo, pero la verdad era que ni siquiera sabía dónde estaba su ángel.
— ¿Sabes que es lo que más me molesta de tu gente? — dijo el ruso con cierto desdén en su voz, como si ella fuera de otro planeta, otra especie y no de otro país.
— No y para ser honesta no me interesa.
— Son tan soñadores, tan débiles tan… fáciles de engañar. — Maca dejo de caminar y giro sobre sus talones, observando al ruso que sonreía con regocijo.
— ¿Fácil de engañar?
— Stefano solo se divertía contigo, aunque debo admitir que le hiciste ganar mucho dinero, eras la novatada del año, una apuestas. — termino diciendo en su oído ya que se había acercado a paso lento a donde la joven estaba.
— Estas mintiendo, solo quieres molestarme. — dijo tratando de no caer ante la rabia y el dolor que sentía.
— Si no me crees pregúntale a Maciel cuanto gano Stefano por salir contigo.
Macarena continúo su camino, no quería creer en Damián, pero había muchas cosas que no cuadraban, Stefano jamás la llevo a su departamento, siempre era él quien llamaba, y ahora que era ella quien lo necesitaba contactar, Stefano había desaparecido, como si nunca hubiera existido, pensaba dejar todo allí, esperaría a que Stefano regresara de donde quiera que este y charlaría con él, pero antes de regresar al departamento que alquilaba encontró a Maciel.
— Maciel. — llamo al joven que estaba con otros dos que eran compañeros departamento de Stefano.
— ¿Qué quieres? — ante la ausencia de su ángel guardián todos dejaban de usar la máscara amistosa que ponían cuando estaba con Stefano, incluso los compañeros de departamento de él.
— ¿Cuánto gano Stefano por pedirme ser su novia? — dijo tratando de sonar indiferente y como si siempre lo hubiera sabido.
— Veinte mil dólares americanos, aunque más lo hizo por diversión él no necesita dinero, tiene de sobra, ahora piérdete.
La molestia que reflejaba Maciel le dejaba en claro que no estaba mintiendo, a la única que le habían visto la cara fue a ella, camino de regreso a su departamento, mientras se regañaba mental mente por ser tan estúpida, todos esos años evitando caer en la trampa de algún hombre y tuvo que ir a otro continente para caer como idiota.
— Morena, casi me vuelvo viejo de tanto esperarte. — Stefano la esperaba en la puerta de su departamento como si nada hubiera pasado, como si no hubiera desaparecido por semanas.
— Hijo de puta. — fue todo lo que la joven dijo antes de mostrarle la furia de una latina.
