Capítulo 4 Gala disfrazada de cena

Desde esa noche no volvemos a encontrarnos; solo hablamos por teléfono de forma esporádica y lo necesario. Lo siento algo distante, pero tal vez se debe al trabajo.

Mientras él ayuda a su padre en la campaña para juez federal, yo intento no volver a lidiar con clientas altaneras. Por suerte, esa mujer no volvió.

Hoy es jueves, y si nada se interpone, será la mejor noche de mi vida. Por fin podré mirar a la cara a sus padres sin esconder que su hijo y yo, estamos en una relación con la que vamos a cumplir dos años.

Dos largos años que prueban lo fuerte que es nuestro amor, y lo mucho que vale la pena esforzarme por ser su chica ideal.

—Vaya, ¿a qué se debe tanta alegría? Ni siquiera es viernes —me pregunta Cinthia al entrar a la sala de descanso.

—Te estaba esperando —exclamo, agarrándola del brazo.

Ella ensancha su mirada, pero luego se echa a reír.

―¿La cena es esta noche? ―Asiento con una gran sonrisa. Ella pone los ojos en blanco―, bien, todo sea por conocer por fin al tonto.

Aplaudo su colaboración. Debo estar a tono para la cena y que mejor que ponerme un hermoso vestido de marca que deje boquiabiertos a todos, así ya no esté en temporada. Cinthia me hace un gesto para que la siga.

Es quien supervisa la mercancía cuando se retira de las vitrinas para colocar las colecciones nuevas.

—Estoy muy nerviosa, solo quiero que todo salga perfecto —le confieso.

—Eres preciosa, Elaine. Si fuera tú, mi novio comería de mi mano, no yo de la de él.

―¡Cielos, Cinthia!

―¿Y qué? Hay que darse valor, aunque no se tenga.

―Eso se llama ego ―digo jocosa.

―Entonces te falta un poco ―agrega con sarcasmo causándome pesar.

Hago silencio porque era lo que más me sobraba recién murieron mis padres. Odiaba que todos en la familia simplemente nos mostraran su lástima por quedar huérfanos, cuando ya tenía suficiente de ello.

―Quizás ―digo, para no entrar en más detalles.

―Tampoco lo digo para que te sientas mal.

Cinthia me sonríe, después me apura para que entremos a la bodega. Al entrar ella me indica que busque entre los percheros el que necesito, y justo eso hago con un vestido corto de seda negra y mangas largas.

―Este ―agrego alzándolo para que lo vea.

―Que rápido ―se muestra conforme.

―Ya lo había visto, solo esperaba que pasara al inventario elegirlo.

—En todo caso, tienes buen ojo para la ropa, pero me pregunto por qué no eres igual con los hombres —se mofa.

—Después de esta noche, es probable que se los presente. Incluso puede que traiga un anillo —suelto, y hasta yo me asombro de mi propia mentira.

Ella se burla de mí y luego me apura para que hagamos el papeleo para el pago. Es verdad que mi sueldo quedará empeñado, pero valdrá toda la pena.

«Eso mismo dijiste con la costosa lencería y mira como salió todo», me parece estar escuchando la voz de mi conciencia.

Me cambio en el vestidor y salgo arreglada de la tienda luego que Cinthia me ayudara a maquillarme. Ya en mi auto, agarro el volante con fuerza y me quedo allí respirando profundo para calmar mis nervios.

Lo que me espera no será fácil, en especial por la madre de Ronald, a quien apuesto por ganármela a la primera y convertirnos en buenas amigas. Le escribo un mensaje a él antes de ponerme en marcha.

“Nos vemos en casa”.

Al llegar, la mansión Dickson me recibe con una iluminación propia de una fiesta. No es una cena de aniversario; es una gala de lujo. El portero me detiene en la entrada, mirándome con una mezcla de sospecha que me irrita.

Como si no me conociera. Para colmo no me deja pasar hasta que llama a Ronald y le da la orden.

―¿Quieres explicarme que pasa? Pensé que por lo menos era tu invitada formal.

―Lo siento, Elaine ―dice con una expresión que hace que lo mire con recelo.

―No pasa nada, bien.

Lo último que quiero es que empecemos una discusión.

―Me temo que hay cambio de planes.

Ronald me hace resoplar con fuerza.

―¡Claro que los hay!, no me dijiste que era una gran gala ―exclamo riendo nerviosa.

De verdad no quiero que se arruine.

―No se trata de eso ―continúa renuente.

Me vuelvo hacia él, calmándome un poco.

―¿Estoy invitada o no?

―Obvio, si lo estás.

―¿Entonces? ―cuestiono, empezando a irritarme porque se queda callado.

Fuerzo una sonrisa veo la razón de su repentino silencio. Gillian Dickson, su madre, aparece frente a nosotros, luciendo una elegancia impecable.

―Ronald, cariño, ¿por qué no has vuelto? ―le pregunta, observándome de reojo.

—Te dije que había llegado alguien —responde él.

Tengo que contener una risa histérica. ¿"Alguien"? ¿No era su “invitada"?

—¿Es ella? —pregunta Gillian con displicencia, y de pronto me sonríe. Su reacción me confunde. Miro a Ron y él baja la cabeza, visiblemente avergonzado.

Me deja en un limbo y antes de que pueda procesar lo que sucede, Gillian me toma del brazo y me arrastra con ella hacia la fiesta.

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