Capítulo 5 Un trago muy amargo
Ni tiempo tengo de preguntarle a Ronald qué le ha dicho de mí a su madre para que me sonría así. ¿Le habrá contado la verdad? La idea me flipa. Me recuerdo que lo mencionó en la cena, y sería increíble que llegara a tanto por mí.
Tengo que dejar de dudar; él dijo que esta es la ocasión ideal y voy a creerle. Solo falta que me diga cual es el cambio.
—¿Entonces llevas mucho tiempo conociendo a mi hijo? —pregunta Gillian mientras caminamos.
—Eh, sí, dos años.
—¿Tanto tiempo y yo sin saber de ti?
«No ha sido mi idea ocultárselos» querría decirle, pero me lo callo.
—Solo estábamos esperando el mejor momento —respondo.
―¿Supongo que es este? ―arguye.
Sigo confundida con su actitud, pero me alegra que por fin podamos interactuar.
―Ronald y yo queremos que esté de acuerdo con esto, señora Dickson.
―No lo dudo. Mi hijo es muy bueno ―agrega la mujer.
Llegamos al patio de la fiesta y de nuevo me alegro haber elegido bien mi vestido. Me quito el saco y se lo entrego a Zulma, quien me mira adusta, como siempre. Hemos repetido la acción tantas veces, solo que esta vez, no vengo de incógnito.
Me recuerdo que le he traído un regalo y la detengo para entregárselo. Mi intención de ser su amiga empieza aquí.
―Le traje un obsequio de aniversario, espero que le guste.
Ella sonríe observando como saco de mi cartera una caja pequeña y se la entrego. La abre, mira los pendientes sin parecer muy impresionada, y se la entrega al ama de llaves.
—Colócalo con los otros —le dice.
Me desinflo. Imaginé que querría probárselos luego de su buena actitud. Además, que tengo trabajar duro para pagar todo. Me sacudo la zozobra y vuelvo a sonreír cuando se acercan unos invitados.
Espero que me presente, pero me deja fuera. Solo me dice "diviértete" y se marcha con la mujer del grupo.
—Yo de usted, me iría de aquí —me dice Zulma que nunca en su vida me ha hablado, nada más que lo necesario.
Me hace entornar la mirada porque nada parece estar saliendo bien, y se siente como si fuera yo la única que se aferra a una tabla podrida en medio del mar. Agarro una copa de la bandeja que lleva una mesera, y luego de bebérmela toda, voy por mi objetivo, encontrar a Ron.
Lo diviso, pero me quedo congelada: va acompañado de una mujer. Es la misma odiosa de la tienda: Paula Rivers. Voy hasta donde están y me presento frente a los dos.
Imaginé que Ronald se apenaría o algo por descubrirlo con otra, pero me mira furioso.
—Vaya, pero si es la trabajadora de la tienda —suelta ella con desdén.
—Te estaba buscando —le digo a Ron, ignorándola.
—¿Para qué lo buscas? Deberías tener un poco de dignidad —escupe Paula.
—Ron... —insisto y él me ignora a propósito.
Eso duele. Trago con fuerza para darme valor.
Es obvio que estoy acabada, solo faltaba esto para estrellarme con mi realidad. Pero no voy a mostrar más debilidad. Ya basta. Cinthia tiene razón, necesito rescatar un poco de mi dignidad.
—Te dije que habían cambiado los planes, y no puedo hacer nada —dice él finalmente.
―¿Cuáles?, ¿los nuestros? ―lo inquiero.
Ni siquiera me mira.
―Amor, ¿porque no terminas con esto y le muestras cuál es su lugar? Estoy siendo bastante tolerante solo porque tu madre me lo ha pedido ―suelta esa Paula desdeñosa.
―¿Puedes… explicarme cuál es ese lugar, Ronald? ―le reclamo, como si no lo supiera.
Él larga un suspiro y se acerca a mí tomándome de los hombros. Me hace daño.
―Vete, Elaine, de verdad quería evitar que no lo pasaras tan mal.
―¿Irme? ¡No es lo que me dijiste! ―protesto.
―Cielos, Ronald, me siento muy humillada. ¿En serio piensas arruinar lo nuestro por una vendedora de quinta obsesionada? ―replica Paula.
Miro a Ronald con tristeza. Su silencio es la peor respuesta. Trato de asimilar en mi cabeza lo que sucede, la verdad es que no vine a ser despreciada, se supone que hoy sería la gran noche… de los dos.
―¿Tienes… una relación con ella?
¿Qué mierda estoy preguntando? Se supone que yo tengo una con él. No responde el muy imbécil. Gillian se acerca y esta vez no hay ni un rastro de amabilidad en ella.
Tengo que recobrar mi compostura y mantenerme firme porque siento que me voy a desmoronar. Lo que me recuerda la dieta que he hecho para poder lucir bonita para él… esta noche.
Que estupidez.
―Que esperan para ir, es su noche ―le dice a ambos.
¿Su noche?
Debería haberlo imaginado. Ya me queda claro que Ronald solo quería aprovechar la ocasión para deshacerse de mí, demostrando que la imbécil soy yo.
―Siento la demora, esto aquí es bastante incómodo ―dice Paula con su impostada voz inocente, mientras Gillian me mira indignada.
—Vayan, ya los alcanzo —les dice con una sonrisa.
Él le hace caso sin dudar y se la lleva sin siquiera mirar el despojo que deja atrás. Dos años de espera desechados como basura. Esa es mi realidad.
—Ya deberías entender el mensaje —me reprocha Gillian con crueldad—. No toleraré que sigas persiguiendo a mi hijo o haré que mi marido te ponga una orden de alejamiento por acoso. Pero eso le pasa por ser demasiado… amable.
Abro los ojos mientras ella se ladea justo cuando el anuncio estalla por los altavoces: la fiesta es para celebrar el compromiso de Paula y Ronald tras un noviazgo de dos años.
Me quedo en shock.
