Capítulo 7 El orgullo del rechazo

POV Lionel

¿En serio esta fue la mujer que me rechazó por el idiota de Ronald Dickson?

Entorno la mirada, observando cómo duerme de forma tan descuidada, con su cabello negro largo, desparramado tapándole la cara, tras la borrachera que se pegó. Parece haber perdido los modales y hasta la memoria; pero no su encanto. Sigue siendo igual de hermosa a como la recuerdo.

¿Cómo que no me recuerdas, dulce gatita? Eso hiere mi ego como no tienes idea.

Lo irónico es que la primera vez que la vi en esa foto que me envió su tío, me puse muy feliz. Al principio había renegado del compromiso impuesto por mi abuelo esperando encontrarme a una chica fea y amargada;

Y fue todo lo contrario de lo que imaginé, me pareció la chica más linda e inteligente que hubiera visto en mi vida. Por aquel entonces ella tenía quince años y estudiaba internada en el JAGS, en Inglaterra. No lucía nada mal en su uniforme.

De inmediato le dije a papá que aceptaba. Decidí que valía la pena esperar por una mujer que, con el tiempo se pondría aún más hermosa. Tal vez era un pensamiento algo superficial, pero preferí esperar como un objetivo a que cumpliera los dieciocho para poder casarnos.

Contaba los días para el encuentro porque casi no podía aguantarme. El temor de no gustarle cuando me viera estaba allí. Y mientras ella culminaba sus estudios y se especializaba, yo hice lo mismo; me preparé para ser alguien digno del apellido Rockford y de tenerla a ella.

Cada año, su tío Oswald alimentaba mi deseo enviándome fotos para que viera cómo maduraba y se volvía cada vez más preciosa. Me hacía soñar con el momento en que pudiera tomar algo más que su mano.

Besar hasta saciarme de esos labios delgados y rosas que me sonreían con picardía. El momento llegó, o eso pensé. El anillo estaba listo y la gran fiesta de compromiso organizada. Estaba seguro de que no me rechazaría.

Incluso me esmeré en enviarle una foto que me hiciera justicia para que ella, al igual que yo, quedara cautivada.

Qué idiota fui al imaginarlo.

La realidad es que me ha desconocido como si jamás me hubiera visto en su vida, cuando yo me esmeré en conocer cada detalle de la suya. Después fue peor al descubrir la verdadera razón de su rechazo.

Oswald nunca lo dijo para no matarme las esperanzas, pero terminé descubriendo que ya estaba con otro. Estoy ofendido, pero soy tan imbécil que me negaba a cerrar esa puerta.

Hasta hoy.

El hermano de ella, Louis, me hace señas para que salgamos de la habitación justo cuando se pone bocarriba mostrándome lo penoso que es verla durmiendo. A pesar de su estado deplorable, Elaine sigue siendo hermosa.

Me obligo a apartar mi mirada de sus largas y bonitas piernas que sobresalen de la manta y lo bueno que fuera tenerlas enroscadas a mi alrededor.

Me pregunto si el imbécil de Dickson se dio cuenta de eso alguna vez.

—Lo siento, no es la mejor imagen de mi hermana —me dice Louis apenado, invitándome a sentar en la sala.

Declino la oferta y me quedo en pie. Ya he decidido decirle a mi padre que rompa el acuerdo con los Cavendish.

—No tiene caso —sentencio.

—¿Entonces por qué fuiste allí? —me cuestiona Louis.

Supongo que ni yo mismo lo sé.

Cuando me dijo que lo suyo con Dickson había acabado, quise saber si era cierto. Incluso pensaba regodearme al ver que la habían dejado botada, tal como ella hizo conmigo.

Pero el panorama es peor. Solo concuerdo en algo: ella no merece ser pisoteada siendo quien es.

—Tal vez solo vine para ver lo deplorable que es tu hermana.

—Ella es mejor que esto, te lo aseguro.

—Yo no lo afirmaría tan rápido. Me ha dicho que no sabe quién soy. ¿Por qué debería acordarme yo de ella?

—Suenas como un resentido.

—Basta, ya se ha burlado de mí por mucho tiempo —refunfuño.

—¿No has pensado por qué sigues esperando por este compromiso?

Louis Cavendish me irrita. Me río de mi propia idiotez y lo odio porque no he encontrado a ninguna mujer que logre encajar en el molde de “chica ideal” que cree para su hermana. Todas fallan en algo.

—Lo hago solo por lo que implica esta alianza para la familia. Por eso todavía esperan que el compromiso se lleve a cabo.

—Lo que prueba la importancia de unir dos fuerzas muy influyentes, pero es tío Oswald la quien tiene las de ganar al ser cercano al presidente —repone Louis.

Frunzo el entrecejo. Pero tiene razón, los Cavendish son los mayores aportantes en las campañas presidenciales. Es un hombre brillante, pero parece que deja que sus gustos lo opaquen.

Me pregunto si sabe que Oswald espera convertirlo en su mano derecha.

—Estaba convencido de que no querías regresar a ocupar tu lugar.

—Lo hago por Elaine. Necesita renacer de sus cenizas.

Como un hermoso fénix, la metáfora me gusta.

—¿Y por qué no tocas directamente a la puerta del viejo Oswald? ¿Temes que no la abra? —cuestiono inflexible.

—Lo hará, pero pondrá condiciones. Si se reanuda el compromiso, sería una carta a nuestro favor para negociar.

Me río ante su optimismo.

—Solo si acepto ayudarles.

—Vale, ¿pero te has preguntado por qué te desconoce?

Entorno la mirada. No me gusta lo que insinúa.

—Es imposible que no me haya reconocido. Estuvimos comprometidos por tres años.

—Aunque no lo creas, Elaine nunca vio tus fotos. Tío quería hacerlo en el momento indicado, pero ella escapó aplazándolo todo, justo cuando iba a mostrarle a la persona con la que se casaría.

—¿Me crees estúpido?

—Como quieras. Ella sabe quién es Lionel Rockford, pero no que tú eras su prometido.

Aprieto los labios, molesto. No esperaba escuchar esa noticia. Aunque es cierto que durante todo este tiempo han mantenido un mito sobre ella, quizá con la esperanza de que regresara a ocupar su lugar.

La idea de que sea cierto me enoja más, pero me obliga a comprobarlo si de verdad soy el propulsor de ello.

—Está bien. Hablaré con ella, solo que decidiré cuándo —sentencio antes de marcharme.

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