Capítulo 10

—¡Evie!

Gemí, usando la almohada para cubrirme los oídos.

Maldita sea.

Había olvidado cómo era vivir con mi madre. Nada de paz, nada de tranquilidad, y absolutamente nada de dormir hasta tarde.

—¡Evelyn! —llamó de nuevo, su voz aguda y exigente—. Si no te levantas ahora mismo, te juro que...

—¡...

Inicia sesión y continúa leyendo