Capítulo 24: Esos ojos rojos (parte III)

Los ojos ya no estaban fijos en los míos, sino en la boca, inmovilizados en expectativa.

—Por favor, no lo hagas— adiviné su próximo movimiento.

Su mandíbula se contrajo.

—Responde mi pregunta.

—Tengo... razones para creer que...— tragué saliva, distraída por su respiración. Olía a tierra húmeda...

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