Capítulo 6 Asustado

Eva se calmó un poco al darse cuenta de que era Kessler quien la había asustado.

—Kessler, estuve con Lottie, nos perseguían lobos. Fue aterrador —dijo Eva, su voz temblorosa mientras compartía la verdad con él.

Kessler la miró con preocupación, sus ojos escudriñando el rostro de Eva en busca de signos de lesiones o angustia.

—¿Estás bien? ¿Te lastimaste? —preguntó Kessler, su voz llena de preocupación mientras se acercaba para examinar a Eva más de cerca.

Eva negó con la cabeza, sintiéndose reconfortada por la presencia tranquilizadora de Kessler a su lado.

—Estoy bien, solo un poco asustada. Pero gracias a Lottie y a ti, logramos escapar de los lobos —respondió Eva, su voz llena de gratitud hacia su amigo por estar allí para ella en su momento de necesidad.

Kessler asintió con comprensión, su expresión suavizándose mientras colocaba una mano reconfortante en el hombro de Eva.

—Estoy feliz de que estés a salvo. Si necesitas algo, no dudes en decírmelo. Siempre estaré aquí para ti, Eva —dijo Kessler, su voz llena de sinceridad mientras le ofrecía su apoyo incondicional a su amiga.

Eva sonrió débilmente, sintiéndose reconfortada por las palabras de Kessler y la seguridad de que no estaba sola en este mundo peligroso y lleno de incertidumbre.

—Gracias, Kessler. Significa mucho para mí tener a alguien como tú a mi lado —dijo Eva, su voz llena de gratitud mientras se aferraba a la amistad que compartía con él en medio de la oscuridad que los rodeaba.

Eva se dio cuenta repentinamente de que estaba completamente desnuda y se ruborizó de inmediato. Sin perder tiempo, agarró la toalla más cercana y se envolvió con ella, sintiéndose un poco avergonzada por su descuido.

—¡Oh, lo siento! —exclamó Eva, su voz un poco nerviosa mientras ajustaba la toalla alrededor de su cuerpo.

Kessler la miró con una sonrisa traviesa, sus ojos brillando con diversión mientras disfrutaba un poco del momento incómodo de su amiga.

—Vaya, Eva, ¿tan emocionada estabas por llegar a la ducha que olvidaste tu ropa? —bromeó Kessler, su tono medio coqueto mientras se burlaba cariñosamente de ella.

Eva rodó los ojos con una sonrisa, su rubor aún presente en sus mejillas mientras intentaba mantener la compostura frente a la broma de Kessler.

—Ya sabes cómo soy, siempre tan despistada —respondió Eva, su voz llena de complicidad mientras compartía una risa ligera con Kessler.

A pesar del momento incómodo, Eva se sintió reconfortada por la amistad y la conexión genuina que compartía con Kessler, incluso en los momentos más embarazosos.

Eva miró a Kessler con sorpresa y algo de incomodidad al darse cuenta de que no tenía la intención de irse.

—Kessler, en serio, necesito privacidad. ¿Podrías irte, por favor? —le pidió Eva, su voz llena de insistencia mientras buscaba una manera de hacer que se marchara.

Sin embargo, Kessler simplemente sonrió con complicidad y sacudió la cabeza con determinación.

—Lo siento, Eva, pero no puedo dejarte sola después de lo que acabas de pasar. Me quedaré aquí y te esperaré. Puedes bañarte tranquila, no te preocupes por mí —dijo Kessler, su tono amable pero firme mientras se sentaba cómodamente en una silla cercana.

Eva suspiró resignada, dándose cuenta de que no tenía más remedio que aceptar la presencia de Kessler en su habitación.

—Está bien, pero no mires —dijo Eva, su voz llena de determinación mientras se dirigía hacia el baño para tomar su ducha.

Mientras el agua caliente caía sobre su cuerpo, Eva se sintió incómoda por la presencia de Kessler en la habitación, pero también reconfortada por su preocupación y cuidado hacia ella. Decidió que, por ahora, lo mejor sería simplemente aceptar su presencia y agradecer su apoyo en este momento difícil.

Eva salió de la ducha, envuelta en su toalla, y se dirigió rápidamente hacia su armario para ponerse su pijama. Mientras se cambiaba, podía sentir la mirada divertida de Kessler sobre ella, lo que la hizo ruborizarse un poco más.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Eva con una sonrisa nerviosa, sintiéndose un poco incómoda por la atención de Kessler.

Kessler simplemente se encogió de hombros con una sonrisa traviesa en sus labios.

—Nada, solo es divertido verte tan apurada —respondió Kessler, su tono ligero mientras disfrutaba un poco del momento.

Eva rodó los ojos con una risa suave, sintiéndose un poco avergonzada pero también divertida por la situación.

—Bueno, espero que hayas disfrutado del espectáculo. Ahora, ¿te importaría irte para que pueda dormir? —pidió Eva, su voz llena de humor mientras se preparaba para descansar después de la larga noche llena de emociones.

Kessler asintió con una sonrisa y se puso de pie de la silla.

—Por supuesto, Eva. Que tengas una buena noche de sueño. Estaré aquí si necesitas algo más —dijo Kessler con amabilidad mientras se dirigía hacia la puerta para salir de la habitación de Eva.

Eva suspiró con alivio mientras se acomodaba en la cama, agradecida por la compañía y el apoyo de Kessler, incluso si a veces podía ser un poco travieso. Con una sonrisa en los labios, cerró los ojos y se dejó llevar por la calidez reconfortante del sueño que la envolvía.

Eva se sintió cada vez más intranquila por todo lo que había sucedido esa noche, así que decidió llamar a Lucas para asegurarse de que estaba bien. Sin embargo, al no recibir respuesta a sus llamadas, su preocupación aumentó.

—¿Por qué no contesta? ¿Dónde estará? —se preguntaba Eva en voz alta, su corazón latiendo con fuerza en su pecho mientras intentaba contener el creciente pánico que amenazaba con apoderarse de ella.

Decidió enviarle un mensaje de texto a Lucas, esperando que pudiera obtener alguna respuesta de esa manera.

"Lucas, ¿estás bien? Llámame cuando puedas, estoy preocupada", escribió Eva, sus dedos temblando ligeramente mientras enviaba el mensaje.

Mientras esperaba una respuesta, Eva luchaba por mantener la calma, su mente llenándose de temores y preguntas sobre el paradero de Lucas y lo que podría haberle sucedido.

Eva sintió un alivio instantáneo al escuchar el sonido de la puerta principal abrirse y ver a Lucas entrar, aparentemente ileso y tranquilo. Sin embargo, su preocupación no desapareció del todo al verlo.

—Lucas, ¿dónde has estado? Te he estado llamando y no contestabas. Estaba tan preocupada —expresó Eva, su voz llena de alivio y preocupación mientras se acercaba a él.

Lucas la miró con sorpresa, evidentemente desconcertado por la reacción de Eva.

—Lo siento, no escuché mi teléfono. Estaba con algunos amigos, ¿por qué estás tan nerviosa? —respondió Lucas, su tono despreocupado mientras intentaba calmar las preocupaciones de Eva.

Eva frunció el ceño, sintiéndose un poco frustrada por la falta de claridad de Lucas sobre dónde había estado exactamente.

—Solo estaba preocupada. Ha sido una noche bastante intensa y no sabía dónde estabas. ¿Puedes ser un poco más específico sobre con quién estabas y qué estaban haciendo? —preguntó Eva, su tono lleno de insistencia mientras buscaba respuestas.

Lucas suspiró y le dio una sonrisa tranquilizadora a Eva.

—Estaba con algunos amigos en un bar. No te preocupes, todo está bien. ¿Puedo hacerte algo de compañía para ayudarte a relajarte? —ofreció Lucas, su voz llena de calidez y preocupación por el estado de ánimo de Eva.

Eva asintió con una sonrisa débil, agradecida por la presencia reconfortante de Lucas en ese momento de incertidumbre.

Eva respiró hondo, decidida a volver a la normalidad después de la noche llena de sobresaltos que había tenido. Se dirigió a la cocina con determinación, sabiendo que su padre llegaría en cualquier momento y quería tener la cena lista para recibirlo.

Mientras recogía los ingredientes necesarios, Eva se esforzó por mantener la calma y concentrarse en la tarea en mano. Cortó las verduras con precisión y encendió la estufa, dejando que el familiar aroma de la comida casera llenara la cocina.

A medida que la cena comenzaba a tomar forma, Eva se sintió reconfortada por la familiaridad de la rutina y el ritual de preparar una comida para su familia. A pesar de las preocupaciones y los desafíos que había enfrentado esa noche, encontrar consuelo en las pequeñas cosas cotidianas le dio un sentido de normalidad y calma.

—Llegue.

—Pa, ¿como te fue?

—Más o menos, estoy preocupado por la presencia de esos animales. Temo por toda la gente del pueblo.

Eva escuchó atentamente las preocupaciones de su padre sobre la seguridad del pueblo y los efectos de la presencia de los lobos.

—Entiendo, papá. Debe haber sido un día agotador. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar? —preguntó Eva, su voz llena de preocupación por su padre y la comunidad en general.

Su padre suspiró y se pasó una mano por el cansado rostro antes de responder.

—Gracias, hija. Solo estoy preocupado por la seguridad de todos. Esta situación con los lobos es cada vez más peligrosa —dijo, su tono reflejando su preocupación genuina.

Eva asintió con empatía, compartiendo la preocupación de su padre por el bienestar de todos en el pueblo.

—Entiendo. Trabajaremos juntos para encontrar una solución. Pero por ahora, vamos a descansar y pensar con claridad mañana. Todo estará bien —dijo, tratando de infundir un poco de esperanza en la conversación.

Su padre asintió con gratitud, sintiéndose reconfortado por las palabras de Eva.

—Gracias, hija. Me alegra tenerte aquí conmigo. Ahora, vamos a cenar y recargar energías para enfrentar lo que sea que nos depare el mañana —dijo, guiando a Eva hacia la mesa para compartir una comida reconfortante en familia.

Mientras cenaban juntos, Eva observó a Lucas con preocupación, notando su palidez y su aparente falta de energía. A pesar de su preocupación, decidió no decir nada para no alarmar a su padre, quien ya estaba preocupado por la situación de los lobos.

En su lugar, Eva le ofreció a Lucas una sonrisa tranquilizadora y le preguntó cómo había sido su día, tratando de disimular su preocupación con amabilidad. Lucas respondió con una sonrisa forzada y algunas palabras vagas sobre su día, pero Eva pudo ver a través de su aparente tranquilidad.

Después de la cena, cuando su padre se retiró a descansar, Eva se acercó a Lucas en privado y le preguntó en voz baja si estaba bien. Lucas admitió que se sentía un poco enfermo y débil, pero trató de restarle importancia.

—No te preocupes, Eva, solo necesito descansar un poco. Estaré bien —dijo Lucas, su voz débil pero tranquila mientras intentaba tranquilizar a Eva.

Aunque no estaba del todo convencida, Eva decidió confiar en las palabras de Lucas y le ofreció su apoyo en caso de que necesitara algo. Juntos, limpiaron la cocina y se prepararon para retirarse a descansar, con la preocupación por la salud de Lucas aún presente en la mente de Eva.

Eva llegó a casa de Kessler con determinación, decidida a obtener respuestas sobre la condición de Lucas. Cuando Kessler abrió la puerta, su sonrisa traviesa y su actitud coqueta de siempre no pasaron desapercibidas para Eva, pero esta vez estaba demasiado preocupada como para permitir que sus bromas la distrajeran.

—Hola, Eva, qué sorpresa agradable. ¿A qué debo el honor de tu visita esta noche? —preguntó Kessler, su tono juguetón mientras le daba la bienvenida a Eva en su casa.

Eva le devolvió la sonrisa, pero su expresión reflejaba la seriedad de su propósito.

—Kessler, no tengo tiempo para tus bromas esta noche. Necesito hablar contigo sobre Lucas. Sé que sabes algo sobre su estado de salud y necesito que me lo digas ahora mismo —dijo Eva, su voz firme mientras miraba directamente a los ojos de Kessler.

Kessler fingió sorpresa y se encogió de hombros con inocencia fingida.

—¿Lucas? No sé de qué estás hablando, Eva. No he visto a Lucas desde la última vez que nos encontramos —respondió Kessler, su tono aparentemente despreocupado mientras evitaba el contacto visual con Eva.

Eva frunció el ceño, sintiéndose frustrada por la negativa de Kessler a cooperar.

—No me importa tu juego, Kessler. Sé que estás escondiendo algo y necesito que me lo digas ahora mismo. Lucas es mi amigo y no puedo ignorar su salud si está en peligro —dijo Eva, su tono lleno de determinación mientras cruzaba los brazos sobre el pecho.

Kessler suspiró resignado, finalmente cediendo ante la persistencia de Eva.

—Está bien, Eva, pero prométeme que no se lo dirás a nadie más. Lucas me pidió que mantuviera su condición en secreto, pero supongo que tienes derecho a saberlo como su amiga —dijo Kessler, su tono más serio mientras se preparaba para revelar la verdad sobre la salud de Lucas.

Eva se quedó atónita cuando, en lugar de decirle lo que necesitaba saber sobre Lucas, Kessler la besó repentinamente. La sorpresa la dejó sin aliento por un momento, pero luego recuperó la compostura y empujó suavemente a Kessler para apartarse.

—¡Kessler, no es el momento ni el lugar para esto! Necesito respuestas sobre Lucas, no tus avances coquetos —dijo Eva, su tono mezcla de frustración y molestia mientras se apartaba de él.

Kessler retrocedió, visiblemente sorprendido por la reacción de Eva, pero luego su expresión se suavizó y se disculpó.

—Lo siento, Eva. No quería presionarte. Solo pensé que podría distraerte un momento antes de hablar de algo tan serio —dijo Kessler, su tono más serio mientras intentaba explicarse.

Eva suspiró, sintiéndose frustrada por la interrupción pero agradecida por la disculpa de Kessler.

—Está bien, solo necesito saber qué está pasando con Lucas. Por favor, dime lo que sabes —pidió Eva, su tono lleno de urgencia mientras miraba a Kessler esperando finalmente obtener respuestas.

—Ven mañana a las ocho de la noche, estaré esperando. Si quieres averiguar sobre Lucas serás discreta —dicho eso Kessler cerró con cuidado la puerta, dejando a Eva con muchas preguntas.

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