Defendiendo a la diosa de los lobos

—Está bien, escuchen —dice mientras se dirige al estrado al otro lado de la sala—. No es necesario mirarla como si nunca hubieran visto a una mujer antes.

—Aquí nunca hemos visto una, eso es seguro —gruñe uno de los hombres, un francés enorme y rudo llamado Carson. Tendemos a usarlo para trabajos q...

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