Capítulo 27 Capitulo 27

La hora se nos vino encima demasiado rápido.

No nos dejaron solos ni un minuto. El hombre de la puerta se quedó dentro, de pie contra la pared, con los brazos cruzados y la mirada fija en nosotros. Caín seguía recostado, pálido, con el suero goteando en el brazo. Yo no solté su mano. Cada tanto...

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