Capítulo 1 Líder Despiadado
Laura Sinclair prefería mantener un perfil bajo y hacer su trabajo; los reflectores de aquel mundo eran una tortura, pero como asistente del departamento de diseño en el conglomerado Blackstone, su trabajo consistía en hacer diversas tareas, rellenar hojas de cálculo, programar reuniones o llevar el café.
Sin embargo, su sueño frustrado de ser diseñadora de interiores seguía arraigado en ella. Quería dar vida a los espacios más exclusivos de la ciudad, ser exitosa, pero ahora solo permanecía invisible para la junta directiva. Y, sobre todo, invisible para Alessandro Blackstone.
De solo pensar en él, la boca del estómago se le llenó de mariposas y sintió el calor pintar sus mejillas. ¡Cinco años trabajando en Blackstone Company! Y, en cada paso siempre estuvo él. Coincidencia o no.
Alessandro era un hombre imponente, de mirada fría y con un aura de peligro que infundía respeto en cualquiera. Laura pensaba que detrás de su fortuna existía un pasado oscuro, un capítulo trágico en su juventud del que nadie se atrevía a hablar y que lo había transformado en un líder despiadado.
De pronto alguien sacudió su mano delante de ella.
—Laura, necesito que subas ya mismo el dossier técnico del nuevo complejo a la oficina de Alessandro —anunció Miriam, dejando caer una carpeta pesada sobre su escritorio.
Laura parpadeó, sorprendida, pero no cuestionó la orden; al fin y al cabo, ser asistente implicaba resolver las emergencias del departamento sin rechistar. Aun así, preguntó mientras acomodaba las copias.
—¿Y el jefe de diseño? Se supone que él debía encargarse de la entrega final hoy.
—Se reportó enfermo a última hora —emitió con una mueca de fastidio—. Así que te toca a ti lidiar con el jefe. Ten cuidado, lleva toda la mañana de un humor de perros.
Laura asintió, tomó los documentos y caminó hacia el ascensor de alta dirección. Mientras los números del tablero ascendían, no pudo evitar una sonrisa amarga al pensar en el dichoso jefe de diseño. Qué conveniente que se enfermara justo hoy. Recordó las innumerables veces que ese tipo, un holgazán experto en delegar, se había acercado a su escritorio fingiendo amabilidad para pedirle "ayuda" con los desgloses de presupuestos, al final todo terminó creciendo para ella, tareas por doquier, pero no hubo recompensa alguna.
Ella, sintiéndose un poco tonta por dejarse utilizar, lo había hecho todo para mantener la paz en la oficina. Al final, el diseñador se llevaría todos los aplausos y el crédito por el complejo, mientras ella seguía siendo la simple asistente que hacía recados y llevaba los papeles de un lado al otro.
Al llegar al piso ejecutivo, empujó las puertas de la oficina de Alessandro; él ya había salido de su junta y se encontraba a solas con Dylan, su amigo. Parecían estar discutiendo sobre un tema importante. Mientras Dylan estaba sentado, Alessandro permanecía de pie junto al ventanal enorme, con la camisa remangada hasta los antebrazos y un vaso de coñac en la mano, escuchando con atención.
De inmediato ella sintió que la boca se le secó y que su pulso se disparó. No podía entender cómo podía hacerla sentir tan nerviosa.
—Si cerramos el contrato de desarrollo con la familia Stone, el puesto de tu padre será tuyo y el pasado quedará enterrado de una vez por todas —decía Dylan con tono serio—. Daniela Stone va a firmar, pero exige que el compromiso entre ustedes se haga público este mismo fin de semana. ¿Estás dispuesto?
Pero él se quedó callado, sopesando sus palabras. Lo único que le importaba era ascender y tomar el lugar de su padre: La Presidencia.
Laura tragó saliva, sintiendo una punzada terrible en el pecho. En todo ese tiempo de escalar juntos, de amarlo en secreto, saber que se casaría le rompía el corazón. Y siempre lo supo, sabía que cruzar esa línea era peligroso, pero aun así su cercanía se convirtió en una tortura que la arrojó a sentirse atrapada por él.
Finalmente se aclaró la garganta.
—Señor Blackstone... traigo los informes de viabilidad del proyecto —interrumpió ella con lentitud, dando un paso al frente para cortar la tensión.
Alessandro se giró despacio.
Dylan se mantuvo apartado de lo que ocurría entre ellos.
Alessandro suspiró hondo. Sus ojos azules se clavaron en Laura, deteniéndose en ella un segundo más de lo habitual.
Estaba de mal humor, pero había algo en ella que de alguna forma siempre lograba frenar su temperamento. Era un efecto que él todavía no alcanzaba a descifrar. Ahora, Laura parecía tan tímida, como si la presencia de un tercero complicara la situación.
—Yo... no quise interrumpirlo, señor.
Él le hizo un ademán desprovisto de paciencia.
—Déjalos sobre la mesa, Sinclair —ordenó él, distante y profesional como siempre—. Y no te vayas a ir todavía. Esta noche necesito que me acompañes a la propiedad de la costa. Me reuniré allí con alguien importante, pero necesito que estés presente.
Ella tragó duro. Lo menos que quería era pasar más tiempo con él. Se estaba volviendo cada vez más insostenible. Pero solo asintió y se retiró lo más rápido que pudo. Afuera sintió su respiración torpe y cómo el recordatorio de que Alessandro estaba a nada de casarse con alguien le quitó el aliento.
