Capítulo 2 Su Amor Prohibido
Durante el trayecto en el auto, ella no dejaba de pensar en su hermano pequeño, incluso si su amiga podía cuidarlo, odiaba trabajar fuera de la oficina porque no podía disfrutar un poco el tiempo con él.
Él la notó ausente.
—¿Por qué estás tan callada?
Ella se obligó a no girar los ojos. ¿Cómo se suponía que debía sentirse si la hacía trabajar tiempo extra? Estaba harta.
—No creo que deba decir algo importante, señor.
—Si tú lo dices —se encogió de hombros.
Poco tiempo había pasado cuando llegaron a la propiedad. El lugar era gigantesco y era la primera vez que Laura estaba en ese sitio. Se hizo tantas preguntas... ¿por qué elegir aquel lugar para reunirse con alguien si pudieron reunirse en algún otro lado? Como en un restaurante, un café, o incluso en su propia oficina. En el fondo también tenía un poco de curiosidad por saber quién era esa persona con la que se reuniría.
Al final, solo podía callar y obedecer. No quería llevar la contraria y perder el empleo que todavía consideraba un trampolín para alcanzar lo que quería.
Todo parecía en orden, incluso cuando sentía dentro de ella que estar a solas con él, sin hablar, se volvía irónicamente asfixiante.
Él volvió a verla.
—¿Te quedarás allí sin hacer nada? —apuntó y luego le iba a decir algo más, pero empezaron vientos fuertes afuera y relámpagos. El cielo se había enfurecido, amenazando con cambiar las cosas.
—Yo... ¿qué debo hacer? —susurró.
Pero él ya no estaba prestando atención a sus palabras y solo estaba enfocado en lo que sucedía en el exterior. Maldijo en voz alta y resopló.
—No puede ser, deberíamos regresar —declaró sintiendo que perdía el control de la situación, y era en ese momento cuando la debilidad que siempre intentaba cubrir con una falsa coraza de roble terminó rompiéndose.
Alessandro comenzó a sentirse ahogado, era esa sensación familiar que conocía a la perfección, pero incluso cuando lo había acompañado durante años, estaba ocurriendo otra vez después de mucho sin pasar por eso; de nuevo el silbido agónico que emitía su respiración estaba haciendo de las suyas, el aire se le escapaba de los pulmones y se llenó de terror sabiendo que su inhalador para el "por si acaso" se quedó en el interior del auto.
El maldito asma potenciado por el estrés y ese detonante que fueron los ruidos estruendosos del cielo lo estaban derribando. Para un hombre como él, esa condición era una debilidad inadmisible, un secreto celosamente guardado que jamás le mostraba a nadie.
Al verlo tambalearse, el instinto de Laura tomó el control. Llevaba cinco años siendo su secretaria y conocía cada detalle de su vida, incluso aquellos que él creía haber ocultado. Sin pensarlo dos veces, abrió su cartera, sacó un inhalador de repuesto que siempre cargaba por precaución y se acercó a él a toda prisa.
—Respire, señor Blackstone. Tome esto —declaró ella con urgencia, colocando la boquilla entre los labios de Alessandro y presionando la dosis.
Alessandro inhaló con desesperación. Conforme el aire volvía a sus pulmones, sus ojos azules, enrojecidos, se clavaron en ella; había conmoción y rabia. En un movimiento rápido, la tomó fuertemente de la muñeca, apretándola con la fuerza de un hombre que se siente descubierto.
Laura soltó un pequeño ahogado por el susto, sintiendo el latido desbocado en la piel del CEO.
Pero al menos el peligro había pasado, aunque para ella no. No con aquel hombre mirándola con los ojos inyectados de furia.
—¿Cómo sabías esto? —exigió él con la voz áspera y peligrosa—. ¿Cómo sabías que sufro de asma? Nadie en la empresa lo sabe. ¡¿Por qué lo sabes?!
Nadie en su sano juicio al ser salvado le reclamaría a su salvador, pero una vez más, él volvía a arremeter contra ella.
—Yo... solo quería ayudarlo, no sabía nada de eso —mintió Laura a toda prisa, con el pulso acelerado y un tono nervioso que la delató al instante.
No quería hablar más del asunto ni provocar una escena, así que intentó zafarse de su agarre bajando la mirada.
Antes de que él pudiera presionarla más, el teléfono del despacho sonó. Alessandro soltó la muñeca de Laura y contestó bruscamente. Al otro lado de la línea, su padre le dio la peor noticia: el trato comercial más importante del trimestre acababa de colapsar por completo.
—Padre... ¡Tiene que ser una broma!
—No lo es, al final no todo en los negocios son tratos exitosos, aceptemos esto y sigamos adelante. Ah, espera a que pase la tormenta, durará un par de horas.
Mientras para él significaba un desastre abismal, para ella significaba que perdió su tiempo. Que estaban allí, ahora varados por una posible tormenta.
Aquel fracaso, sumado al episodio de debilidad, lo puso furibundo. Furioso con el mundo, Alessandro mandó todo a volar y comenzó a beber whisky directamente de la botella, buscando anestesiar la rabia que le quemaba por dentro. Mientras tanto, Laura rondaba por la casa llena de angustia.
Poco tiempo después, la tormenta había cortado las líneas de señal y no podía comunicarse con nadie. Su verdadera preocupación era su pequeño hermano, a quien se suponía que debía buscar en la escuela horas atrás y que ahora debía estar esperando asustado. Sin embargo, jamás se atrevería a contarle sus problemas personales a un hombre tan implacable como su jefe.
Al ver que Alessandro seguía vaciando la botella sin control, Laura se armó de valor y se acercó a la barra.
—Señor Blackstone, por favor, ya es suficiente —murmuró, extendiendo las manos con intención de quitarle la bebida.
Alessandro reaccionó rápido. Le atrapó las manos al vuelo y, con un movimiento firme y fluido, la tomó de la cintura, pegándola bruscamente contra su cuerpo.
El choque térmico entre los dos fue instantáneo. Laura sintió el calor invasivo del cuerpo de Alessandro y el aroma a alcohol mezclado con su perfume costoso. ¿Podía ser algo más aniquilador que eso?
—¿Q-qué hace, señor? —alcanzó a articular ella, con el corazón martillándole el pecho y la respiración cortada.
Alessandro la miró desde arriba. Sus ojos se pasearon por los labios entreabiertos de la joven y por las mejillas que comenzaban a encenderse en un rojo intenso. Una sonrisa lenta y oscura se dibujó en el rostro del CEO.
—¿Siempre has sido así de atractiva, Sinclair? —susurró él con la voz grave, rozando casi su oído.
Laura se puso roja como un atardecer peculiar. El sonrojo quemó sus mejillas mientras intentaba poner las manos sobre el pecho de él para marcar distancia, pero la intensidad en la mirada de Alessandro esfumó la poca cordura que le quedaba. Atrapada entre el enamoramiento que se arraigó en su ser desde hace años, sumado a la intimidad de esa noche, fue incapaz de dar un paso atrás cuando él acortó la distancia y la envolvió en un beso hambriento.
Solo podía pensar en que aquello no estaba pasando de verdad, que solo era un sueño.
Eran solo ellos dos.
Dos corazones al mismo ritmo, dos respiraciones volviéndose fuego. Incluso un teléfono sonó, un fugaz momento de señal, pero ninguno de los dos se movió para contestar. Alessandro ignoró por completo la llamada, atrapado en el calor de los labios de Laura, mientras ella, mareada por la cercanía y la intensidad del momento, cerró los ojos y se dejó llevar una vez más.
—Nunca fuiste tan atrevida, ¿eres Laura de verdad? —se burló contra su cuello.
Sin romper el contacto, Alessandro la tomó con firmeza por los muslos, cargándola para que ella se ajustara a su cintura. Laura ahogó un gemido al sentir la fuerza del cuerpo de él sosteniéndola sin esfuerzo mientras caminaban a ciegas en la oscuridad hacia una habitación cercana.
El choque del cuerpo de ella contra el colchón fue delicado, pero la presencia de Alessandro sobre ella volvió a dejar establecido un panorama en el que ella "estaba a su merced"; se detuvo un instante, apoyando los puños a cada lado de la cabeza de Laura, mirándola con la respiración entrecortada y los ojos oscurecidos por el alcohol y la pasión.
—Si quieres que me detenga... dímelo ahora, Laura —murmuró él con la voz ruda, dándole la oportunidad de frenar el desastre.
Laura negó con la cabeza sin dudarlo. Durante años había fantaseado tan solo con un beso furtivo, con una mirada distinta de su jefe en los pasillos de la empresa. Ahora, su amor prohibido, el hombre inalcanzable por el que sufría en silencio, estaba en la misma página que ella. Envolvió sus brazos alrededor del cuello de Alessandro y lo atrajo de nuevo hacia sí, acallando cualquier duda con sus propios labios.
