Capítulo 4 Noticia Amarga

Tres semanas pasaron de volada y para Laura se volvió más insoportable; la jornada era como si cada día tuviera que sobrevivir, estar en modo alerta; cada vez que Alessandro caminaba por los pasillos, la llamaba a la oficina y le dedicaba esas miradas tan frías y calculadas tratándola estrictamente como su asistente eficiente.

Laura trataba de mantenerse en pie, pero era su propio cuerpo el que comenzaba a traicionarla.

Esa mañana las náuseas se volvieron incontrolables y ni hablar de los mareos que la obligaron a sostenerse de las paredes del baño para no caer.

Esa mañana, tras diez minutos encerrada en uno de los cubículos intentando recuperar el aliento, Laura salió pálida y con el rostro bañado en sudor frío. Al abrir la puerta, se encontró de frente con Miriam, quien la esperaba con los brazos cruzados y una expresión de severa preocupación.

—Se acabó, Laura —sentenció Miriam, tomándola firmemente por los hombros—. Llevas casi un mes así, estás pálida, apenas pruebas bocado y tiemblas cada vez que escuchas los pasos de tu jefe. Nos vamos a una clínica ahora mismo.

—Miriam, por favor, tengo mucho trabajo que organizar para la junta de hoy... —intentó excusarse Laura con la voz débil.

—No, puede ser peor. Tú no estás bien.

Una hora después, se encontraba acostada en la cama de una clínica privada, sintiendo la frialdad del gel sobre su vientre mientras la ginecóloga movía con parsimonia el transductor de ultrasonido. El sonido rítmico del monitor comenzó a llenar la habitación.

Tuc-tuc-tuc-tuc.

—Bueno, Laura, tus mareos y la fatiga tienen una explicación muy clara —sonrió la doctora, ajustando la nitidez de la pantalla en blanco y negro—. Estás embarazada. Y prepárate, porque no viene uno solo.

Laura sintió que el aire se le congelaba en la garganta. Si apenas podía comprender lo fuerte que había sido escuchar que estaba embarazada, no estaba preparada para la bomba que seguía.

—¿Q-qué dijo? —alcanzó a articular.

—Hay dos sacos gestacionales —confirmó la médica, señalando la imagen—. Estás esperando gemelos. Ambos corazones laten con una fuerza increíble. Felicidades.

Miriam ahogó un grito llevándose las manos a la boca, mientras a Laura se le escapaban las lágrimas. Dos vidas. Dos pequeños seres creciendo en su interior, fruto de la única noche en que se había entregado al hombre que amaba. En medio del miedo, llena de perplejidad, se instaló algo en su pecho.

De regreso a la compañía, estuvo un poco ausente y mirando la ecografía entre sus manos. Miriam no quería tocar el tema, pero lo sacó en ese momento.

—Siempre te he visto tan ocupada en tu trabajo, la verdad creí que seguías siendo soltera.

Ella pasó saliva con dificultad; no podía ni quería decirle a su compañera de trabajo que el padre de esos gemelos era el mismísimo Alessandro Blackstone.

Como permaneció en silencio, Miriam terminó respetando su decisión de no darle algún tipo de explicación.

Al regresar al edificio del conglomerado Blackstone, se cuestionó si era una idea correcta ir hasta la oficina de Alessandro y darle la noticia.

Sin embargo, en cuanto las puertas del ascensor se abrieron en el vestíbulo principal, la realidad le asestó un golpe demoledor. El vestíbulo estaba repleto de periodistas, fotógrafos y luces de cámaras. En el centro del estrado, montado exclusivamente para la prensa, se encontraba Alessandro vistiendo un traje imponente. A su lado, luciendo un vestido elegante y sonriendo con arrogancia, estaba Daniela Stone.

—El compromiso entre la familia Blackstone y la firma Stone es un hecho —declaraba la voz segura de Alessandro frente a los micrófonos, desprovista de cualquier emoción en realidad—. Este matrimonio unifica nuestro capital y, como ha sido dispuesto por la junta directiva, a partir de hoy asumo formalmente la Presidencia Ejecutiva del grupo. La boda se llevará a cabo a finales de esta misma semana.

Los flashes cegaron el lugar mientras Daniela se aferraba del brazo de Alessandro con aires de triunfo. Laura retrocedió un paso, sintiendo que el suelo se abría bajo sus pies.

Esperó a que todo acabara, y solo entonces fue a verlo a su oficina. Apretaba el sobre con firmeza entre sus dedos, y se detuvo abruptamente cuando aquella mujer estaba allí frente a ella otra vez.

—¿A dónde crees que vas? —la frenó cruzada de brazos—. Alessandro está ocupado revisando los detalles del contrato prenupcial. Si vienes a traer café o documentos, déjalos sobre la mesa y retírate.

—Necesito hablar con el señor Blackstone unos minutos, es un asunto de suma importancia.

En ese instante, la puerta se abrió y Alessandro salió. Laura lo miró directamente a los ojos, buscando desesperadamente una señal de que podía tener unos minutos con él, pero Alessandro era como otra persona, aún más inaccesible.

—Alessandro... por favor, necesito cinco minutos a solas contigo. Es sobre algo que ocurrió... —suplicó ella con la voz en un hilo.

Alessandro miró a Daniela, quien arqueó una ceja con evidente molestia, y luego clavó su mirada sobre Laura. La decisión de asumir la presidencia ya estaba tomada y no pensaba permitir ningún escándalo ni distracción que arruinara su trato con los Stone.

—Sinclair, no tengo tiempo para asuntos menores —soltó él con una voz tan fría que le estranguló el alma a la joven—. Limítate a tus funciones o tómate el resto del día libre. Tengo una reunión con la familia Stone y no puedo retrasarme.

Dicho esto, Alessandro le dio la espalda, le ofreció el brazo a Daniela y caminó hacia el ascensor privado sin volver a mirar atrás. Laura se quedó con ese nudo doloroso en la garganta y el corazón latiendo con fuerza; arrugó el sobre entre sus manos, pero evitó mojarlo con sus lágrimas.

Volviendo a su puesto, se quedó sopesando su situación. Si Alessandro la reducía a "asuntos menores", ella se encargaría de demostrarle lo peligroso que era subestimarla. No se quedaría de brazos cruzados.

Miriam, que volvió por allí casi ya de salida, se frenó en seco al verla.

—¿No deberías ir a casa?

—¿Miriam? —la llamó en un susurro, obligándola a detenerse—. ¿Hay alguna forma de saber en dónde se llevará a cabo la boda? En el anuncio no lo dijeron.

Miriam arqueó las cejas, sorprendida por la pregunta.

—Qué raro, pensé que tú, siendo la asistente directa del jefe, ya lo sabías todo —comentó Miriam, bajando también la voz—. Pero de hecho, sí sé dónde será. Escuché a mi superior hablar de eso hace un momento en el pasillo...

Laura prestó atención, sintiendo que el corazón le daba un vuelco. No importaba la seguridad ni las consecuencias; iba a descubrir ese lugar, irrumpiría en la ceremonia y revelaría la verdad ante todos, destruyendo los planes de Alessandro en el mismísimo altar.

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