Capítulo 5 No te Cases, CEO: Llevo a tus Gemelos
Cuando el día llegó tuvo que mentirle a Luna y decirle que se quedara con su hermanito porque ella debía asistir a una gala obligatoria como asistente de su jefe, al tiempo que acompañante. Y, por supuesto, Luna le creyó. No tenía ni idea de lo que su amiga estaba a punto de hacer. Ni de su embarazo, ni de la situación tan impactante.
Y, durante ese trayecto que se volvió eterno, se sintió un poco arrepentida, pero ya no había vuelta atrás; retroceder era aceptar que aquel hombre podía seguir como si nada y ella asumir una responsabilidad que al final era de ambos.
Al llegar, sintió que se robó algunas miradas y tal vez había sido un poco exagerado llevar un vestido rojo y aquellos estiletes elegantes. Había tanta gente como un mar de personas, fotógrafos hambrientos por sacar la mejor toma y reporteros eufóricos por el acontecimiento importante.
Era el acontecimiento del año: la boda que consagraría a Alessandro Blackstone en la cima del poder.
Sin embargo, al pie del altar, el novio se sentía tan forzado a sonreír.
A su lado, Alonzo, su padre, le dio un ligero toque con el codo.
—Pon una sonrisa para las cámaras, Alessandro —le murmuró con severidad—. Todos están analizando cada uno de tus movimientos. Hoy te conviertes en el hombre más poderoso del sector.
Alessandro apretó la mandíbula sin responder. En ese instante, los acordes de la marcha nupcial se hicieron escuchar.
Las puertas se abrieron para dar paso a Daniela Stone, quien avanzaba hacia el altar luciendo un vestido de alta costura que desbordaba opulencia. Daniela sonreía con la victoria en la cara; para ella, ese matrimonio era el preciado premio personal de tener al hombre más codiciado a su lado.
Al llegar junto a él, Daniela le ofreció su mano. Alessandro la tomó por puro compromiso, sintiendo un tacto frío que no le provocaba nada de otro mundo.
En poco tiempo la ceremonia había comenzado con un discurso bastante aburrido lleno de clichés por doquier. Finalmente aquel hombre pronunció aquellas palabras y entre los presentes Laura se preparaba para llevar a cabo su cometido.
—Si hay alguien presente que conozca alguna razón o impedimento por el cual esta unión no deba celebrarse, que hable ahora o calle para siempre.
Un silencio inundó el lugar.
De pronto, se escuchó el taconeo de Laura. Quien en medio de aquel pasillo ancho cubierto por una extensa alfombra blanca, se paró; incluso cuando el corazón estaba latiendo en su garganta y tenía las piernas flojas como gelatina, mantuvo el valor intacto.
—¡Yo me opongo! —gritó con todas sus fuerzas.
El murmullo de la prensa estalló como una ola. Los flashes comenzaron a encenderse en una ráfaga enloquecida. Laura avanzó un poco, ignorando las miradas de horror de los invitados.
—Señor Blackstone... —habló Laura, marcando cada sílaba con rabia—. Dijo que no tenía tiempo para asuntos menores. Pero me temo que la vida no funciona bajo sus órdenes.
—Laura... —alcanzó a articular Alessandro, rabioso por el espectáculo.
—No te puedes casar con esta mujer, Alessandro... porque estoy embarazada. De hecho, son gemelos. ¡Escuchen todos, este hombre me embarazó, no puede casarse!
La bomba cayó en el recinto destruéndolo todo.
—¡¿Qué dijiste, infeliz?! ¡Maldita muerta de hambre! —estalló Daniela Stone, completamente fuera de sí. El rostro se le desencajó de la rabia, tiró el ramo de flores al suelo y, cegada por la furia, se abalanzó salvajemente sobre Laura dispuesta a atacarla—. ¡Te voy a matar! ¡¿Cómo te atreves a arruinar mi boda con tus mentiras?!
—¡Daniela, no! —gritó la madre de Daniela, llevándose las manos a la cabeza en medio del colapso.
Antes de que Daniela pudiera ponerle una sola mano encima a Laura, la seguridad del propio Alonzo intervino, sujetando con fuerza a Daniela mientras ella pataleaba y gritaba insultos descontrolados. Los señores Stone observaban la escena aturdidos, avergonzados hasta el tuétano y con el rostro ardiendo de ira por la humillación pública que estaba sufriendo su apellido frente a las cámaras de televisión.
En la primera fila, Alonzo se puso de pie con las venas del cuello a punto de reventar.
—¡Alessandro! ¡Haz algo! ¡Controla a esta demente o te juro por Dios que estás fuera de la familia y de la empresa para siempre! —vociferó furioso por ver su imperio y su reputación aplastados en segundos.
Laura ni siquiera se inmutó por los gritos de Daniela ni por las amenazas del conglomerado. Le tiró el sobre con la ecografía a los pies a Alessandro y le dedicó una última mirada llena de desprecio.
—Disfruta tu Presidencia, señor Blackstone —soltó Laura con burla.
Sin esperar nada más, dio media vuelta y caminó a paso rápido hacia las puertas de salida con la frente en alto. En cuestión de segundos, la mujer del vestido rojo no solo le había arrebatado el control de su vida, sino que acababa de convertir su perfecta boda millonaria en el escándalo más despiadado de la historia. Y lo peor de todo es que él sabía que Laura no estaba mintiendo.
