Escapar y regresar

Los ojos de Zara se abrieron de golpe ante un sol cegador, cuyos rayos penetraban en la niebla de su mente como mil agujas. Hizo una mueca, su cabeza palpitaba como un tambor, su cráneo era una masa pesada y dolorida que no la dejaba olvidar. Cada músculo de su cuerpo se sentía como plomo. El nausea...

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