Los acantilados de la pasión

Para cuando llegaron a los acantilados, las piernas de Zara dolían de esa manera satisfactoria que solo una buena caminata podía traer. Pero nada de eso importaba mientras sus ojos recorrían la vista. El océano se extendía interminablemente ante ellos, sus olas turquesas chocando contra las rocas es...

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