Capítulo 42 42

—Sí. Porque si voy a aprender a irme sin abandonarte, primero tengo que aprender a estar aquí cuando estoy aquí.

Me quedé mirándolo.

—Eso ha sido irritantemente bueno.

—Gracias.

—No era un elogio.

—Lo acepto igual.

Dante dejó el teléfono apagado sobre la mesa.

Después volvió hacia mí.

—¿Dónde estába...

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